Sheinbaum a EU: “¿Quieren ayudar? Paren las armas que matan mexicanos”

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Cuauhtémoc, Ciudad de México. 26 de febrero 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo y Noemí Juárez Pérez, subsecretaria de Educación Pública. Foto: Gabriel Monroy/Presidencia

La Presidenta mexicana exige a Estados Unidos frenar tráfico de armamento de alto calibre hacia cárteles; contrasta demanda con escándalo de Rápido y Furioso de Calderón.

Lanzacohetes capaces de derribar aeronaves. Munición calibre .50 que perfora blindajes. Armas de uso exclusivo del Ejército estadounidense. Todo eso cruza a diario la frontera sur y termina en manos de los cárteles. Claudia Sheinbaum lo sabe. Por eso, desde el atril de la mañanera, lanzó una exigencia directa al gobierno de Estados Unidos: “¿Nos quieren ayudar? Paren la entrada de armas”. La frase no fue una sugerencia. Fue un ultimátum disfrazado de petición diplomática.

La conferencia mañanera transcurría con normalidad hasta que el tema de la seguridad bilateral apareció en la mesa. Sheinbaum no titubeó. Recordó que la demanda no es nueva. Viene de lejos, del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero ella la elevó de tono, la colocó en el centro de la negociación bilateral.

México no pide permiso. México exige corresponsabilidad.

La Presidenta contrastó la postura de su administración con un capítulo oscuro de la relación bilateral: la Operación Rápido y Furioso, ejecutada durante el gobierno de Felipe Calderón. En aquel entonces, agencias estadounidenses permitieron el paso de armas a criminales con la promesa de rastrearlas mediante chips. Los chips nunca funcionaron. Las armas mataron mexicanos.

“El gobierno de López Obrador, al contrario, puso dos demandas en Estados Unidos”, subrayó Sheinbaum. Una contra vendedoras. Otra contra armadoras.

Detrás de la exigencia presidencial hay una estrategia jurídica y diplomática que pocos gobiernos mexicanos habían intentado. Las demandas contra fabricantes y distribuidores de armas en tribunales estadounidenses representan un cambio de paradigma. Ya no se trata solo de quejarse. Se trata de llevar a los responsables ante la justicia, aunque el camino sea cuesta arriba.

La Ley de Protección del Comercio Legal de Armas (PLCAA) ha blindado a la industria armamentista durante años. Pero México insiste. Hay una segunda demanda en curso en Tucson, Arizona, contra tiendas distribuidoras. El litigio sigue su curso.

Sheinbaum recordó que la inteligencia y el intercambio de información con Estados Unidos son bienvenidos. Pero puso un límite claro: las operaciones en territorio mexicano son exclusivas de las fuerzas nacionales. No habrá participación extranjera en tareas de ejecución.

El contraste con Rápido y Furioso no fue casual. Sheinbaum eligió ese ejemplo para recordar que México ya pagó el precio de confiar ciegamente en las estrategias estadounidenses. Aquella operación, diseñada supuestamente para seguir el rastro de las armas, terminó siendo un monumento al fracaso bilateral.

Hoy, la exigencia es otra. No más experimentos. No más promesas incumplidas. Acciones concretas para frenar el flujo de armamento que alimenta la violencia en México.

“Estas armas de alto calibre, lanzacohetes, pues vienen de allá”, sentenció. La frase, dicha con la naturalidad de quien expone una obviedad, resume décadas de frustración mexicana frente a la incapacidad estadounidense para controlar su propio mercado de armas.

Sheinbaum cerró su intervención con un mensaje que resume la nueva postura mexicana: cooperación sí, pero con límites. Inteligencia sí, pero sin subordinación. Y una exigencia que resonará en los pasillos de Washington: si Estados Unidos quiere ayudar, que empiece por frenar las armas que matan mexicanos. Lo demás, dice la Presidenta, ya lo hace México.

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