Golpe a la historia: el sexenio de la 4T entierra la peor pobreza laboral en dos décadas.

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Desde Mazatlán, Sheinbaum revela el impacto de la política salarial: el ingreso familiar rompe el piso de 20 años. Solo la pandemia logró frenar, sin revertir, la tendencia a la baja.

El registro histórico cayó. Durante dos décadas, el indicador se mantuvo como una sombra sobre los hogares mexicanos, pero la fotografía más reciente del Inegi borra esa imagen. La pobreza laboral, esa que mide cuántas personas no pueden cubrir la canasta básica con su sueldo, se instaló en su nivel más bajo desde que hay registros: 33.9%. La noticia la dio la propia jefa del Ejecutivo desde el puerto de Mazatlán, convirtiendo su conferencia matutina en un parteaguas estadístico.

El punto de quiebre no es casualidad ni un destello aislado. La gráfica trazada por la mandataria muestra una caída sostenida que arranca en 2018, con el desembarco de la autodenominada Cuarta Transformación. Solo un evento logró interrumpir momentáneamente el descenso: la emergencia sanitaria por COVID-19 en 2020. Pero la crisis global, que devastó economías enteras, en México no pudo revertir el fondo del asunto. Al superarse lo peor de la contingencia, la tendencia retomó su curso a la baja, consolidando un modelo que, según el análisis presidencial, tiene dos motores: el incremento al salario mínimo y la evolución de las condiciones laborales

Sheinbaum no solo presentó la cifra, la contextualizó. El 33.9% actual no es solo un número frío extraído de las encuestas de hogares; es la constatación de una política pública que atraviesa administraciones. La explicación oficial apunta directo al bolsillo de los trabajadores: el poder adquisitivo ha ganado terreno frente al costo de la canasta básica. La mejora, según lo expuesto, ha permeado en “la mayoría de las y los mexicanos”, lo que sugiere un fenómeno de amplia base social y no un beneficio focalizado. La mandataria subrayó la magnitud del hito con una frase que busca cerrar cualquier debate: “2025 es el número más bajo desde hace ya mucho tiempo”.


El contraste entre el sexenio de la transformación y los gobiernos anteriores queda implícito en la cronología. Desde 2018, el indicador no ha hecho más que descender, con la única excepción del año de la pandemia. Este dato coloca en perspectiva las dos décadas previas, sugiriendo un cambio estructural en la relación entre el salario y la canasta básica. La mejora de 2.2 puntos porcentuales respecto a 2024 es la prueba más reciente de un engranaje que, según la lógica gubernamental, sigue ajustándose para favorecer a quienes viven de su ingreso laboral. El mensaje es claro: lo que no se logró en veinte años, se está construyendo ahora


Mientras las olas golpean las costas de Mazatlán, en el salón de conferencias se escribe un capítulo de la historia económica reciente. Sheinbaum no solo presumió una cifra; exhibió la hoja de ruta de un modelo que, incluso sacudido por una pandemia, logró reducir la pobreza salarial a su mínima expresión. El 33.9% no es solo un punto en una gráfica del Inegi: es el argumento más sólido de una narrativa que busca demostrar que el ingreso de los mexicanos, por fin, le está ganando la batalla al costo de vivir

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