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Macron, con el dedo en el gatillo nuclear: “No dudaré en usarlo si nuestros intereses están en riesgo”

El presidente francés anuncia un refuerzo del arsenal atómico, la construcción de un nuevo submarino y ofrece compartir la disuasión con Europa ante la amenaza rusa y la escalada en Medio Oriente

El escenario no podía ser más explícito. Detrás del presidente, la mole metálica de un submarino nuclear emergía como una advertencia silenciosa. Alrededor, uniformes militares en formación. Y ante los micrófonos, una frase que retumbó en la base de Île Longue como un eco de la Guerra Fría: “No dudaré en tomar la decisión que sea indispensable para la protección de nuestros intereses vitales”.

Emmanuel Macron habló este lunes desde el corazón de la disuasión atómica francesa. Y lo hizo con un lenguaje que no admitía matices. Francia tiene un arma “fuera de lo común”, dijo, y la última palabra sobre su uso pertenece al presidente. Él, aseguró, no temblará cuando llegue el momento.

El contexto que justifica esa disposición beligerante tiene nombre y apellidos. Macron habló de “una conflagración posible en nuestras fronteras”. Señaló directamente a Rusia como una amenaza para Europa. Y añadió a la ecuación el conflicto en Medio Oriente, un incendio que amenaza con extenderse más allá de sus límites geográficos. El mundo, resumió, “se endurece”. Y Francia debe endurecerse con él.

Pero el mensaje no fue solo retórico. Detrás de las palabras vinieron los hechos: aumento del número de ojivas nucleares, aunque sin precisar la cifra total como elemento añadido de disuasión. Y un nuevo submarino, bautizado como ‘El invencible’, cuya botadura está prevista para 2036. La maquinaria atómica francesa se pone a punto.

La advertencia de Macron incluyó una dimensión casi apocalíptica. Recordó que cada uno de los submarinos franceses posee “una potencia equivalente a todas las bombas que cayeron sobre Europa en la Segunda Guerra Mundial, mil veces superior a las primeras bombas atómicas”. La frase no era un dato técnico. Era una imagen diseñada para grabarse en la memoria de quienes pudieran considerar amenazar los intereses de Francia.

Sin embargo, el presidente francés tendió también una red. Anunció que los intereses vitales de Francia no terminan en sus fronteras, sino que incluyen al continente europeo. Y reveló que varios países ya colaboran con París en lo que denominó “disuasión avanzada”: Reino Unido, Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca participan en infraestructura de detección de ataques. Otros podrían sumarse a ejercicios conjuntos.

La oferta de compartir la disuasión nuclear con los socios europeos tiene, no obstante, una letra pequeña crucial: la decisión última sobre el uso del arma sigue siendo exclusivamente francesa. Macron comparte el paraguas, pero no el gatillo.

El discurso, pronunciado con la escenografía bélica de un gran submarino a sus espaldas, buscaba transmitir una doble señal. Hacia afuera, a Rusia y a cualquier otro adversario potencial: Francia está dispuesta a llegar hasta el final. Hacia adentro, a los aliados europeos: pueden contar con la protección francesa, aunque bajo condiciones claras.

La pregunta que flota sobre las aguas de Île Longue es si esta exhibición de fuerza nuclear responde a una amenaza real e inminente o forma parte de una estrategia de posicionamiento en un mundo que redibuja sus alianzas. Macron ha puesto el dedo sobre el botón. Ahora, el mundo observa si alguna vez tendrá que presionarlo.

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