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Putin teje la paz en el Golfo: cuatro llamadas en un día para frenar la guerra total

Mientras Estados Unidos e Israel golpean Irán, el Kremlin activa su diplomacia telefónica con Emiratos, Bahréin, Qatar y Arabia Saudita para evitar que la región estalle en un conflicto de consecuencias impredecibles

El teléfono no dejó de sonar en Moscú. Del otro lado de la línea, cuatro líderes árabes esperaban la voz de Vladimir Putin. No era una llamada de cortesía. Era una carrera contra el reloj para evitar que Medio Oriente se despeñe por el abismo. El lunes, el presidente ruso sostuvo conversaciones separadas con los gobernantes de Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y el príncipe heredero de Arabia Saudita. El objetivo: encontrar una salida política a la tormenta que desataron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta armada de Teherán.

La jornada comenzó con Mohammed bin Zayed Al Nahyan, líder de Emiratos. La conversación fue cruda. Putin escuchó una queja directa: los ataques iraníes contra territorio emiratí no tienen justificación. Abu Dhabi, aseguró Bin Zayed, no es plataforma para agredir a Irán. El mandatario ruso tomó nota y ofreció un puente: trasladaría el mensaje a Teherán. Pero también recordó algo que Moscú no olvida: Rusia trabajó durante años para destrabar el conflicto nuclear iraní, hasta que una agresión armada no provocada contra un miembro de la ONU, violando el derecho internacional, dinamitó la mesa de negociaciones.

La segunda llamada fue con Hamad bin Isa Al Khalifa, rey de Bahréin. Ahí el diagnóstico fue compartido: la agresión estadounidense e israelí está llevando a la región al borde de una guerra a gran escala. No hay metáforas, es un hecho. Ambos mandatarios coincidieron en que el alto el fuego inmediato es la única forma de evitar que la situación se desborde por completo. La diplomacia, insistieron, debe recuperar su lugar.

El emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, fue el tercer interlocutor. La conversación viró hacia un riesgo concreto: que terceros países terminen arrastrados al conflicto. La preocupación era mutua. También hablaron de algo más humano: la esperanza de que las represalias iraníes no dañen a la población civil ni a infraestructuras como el turismo o el transporte en los países vecinos. En medio de la geopolítica, asomó el miedo a que la guerra no respete fronteras ni economías.

El cierre de la ronda fue con Mohammed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita. Bin Salman fue directo: Rusia puede jugar un papel estabilizador estos días gracias a sus relaciones amistosas tanto con Irán como con los países del Golfo. Putin escuchó y asintió. Ambos coincidieron en que la zona de conflicto ya se ha ensanchado peligrosamente, abarcando a varias naciones árabes. La única salida, dijeron, es política y diplomática.

El Kremlin no confirmó si mañana habrá llamadas con Omán o Kuwait. Pero lo que ocurrió este lunes es un mensaje en sí mismo: Moscú se coloca como el interlocutor necesario entre Teherán y los árabes del Golfo, mientras Washington bombardea y Tel Aviv ejecuta. Putin no ofrece misiles, ofrece líneas telefónicas. En una región al borde del colapso, a veces eso también es un arma.

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