El presidente estadounidense anuncia la ruptura bilateral tras la negativa española a prestar instalaciones militares y critica su bajo gasto en defensa; Merz intentará mediar para que Madrid alcance el 5% del PIB exigido por la OTAN
La ira de Donald Trump tiene ahora un destino claro: España. Durante una reunión en la Casa Blanca con el canciller alemán, Friedrich Merz, el presidente estadounidense soltó un anuncio que sacudió los cimientos de la relación bilateral. “Vamos a suspender todo comercio con España. No queremos tener nada que ver con España”, declaró. El motivo: la negativa del gobierno español a permitir que el Ejército de Estados Unidos utilice sus bases militares para la operación contra Irán.
Pero el conflicto no empezó ahí. Trump aprovechó la ocasión para recordar otro de sus reclamos históricos: el gasto en defensa de los aliados europeos. “España es el único país de la OTAN que no accede a aumentar el gasto al 5%”, disparó. Según su relato, Madrid ni siquiera cumple con el 2% acordado previamente. La frase fue contundente: “No creo que aceptaran aumentarlo a ningún nivel”.
La postura española, sin embargo, tenía matices que Trump ignoró. El gobierno de Pedro Sánchez había declarado que podría cumplir sus compromisos con la OTAN destinando aproximadamente el 2% del PIB al gasto militar. Pero el comunicado final de la cumbre de la alianza del pasado junio elevó la apuesta: los líderes acordaron aumentar el gasto al 5% del PIB para 2035, incluyendo un 1,5% para infraestructura de defensa y considerando los suministros militares a Ucrania. España, en ese nuevo tablero, quedó rezagada.
Merz, presente en la reunión, intentó tender puentes. “Intentaremos convencerlo de que esto forma parte de nuestra seguridad compartida y de que todos debemos adherirnos a estos indicadores”, dijo en referencia al gobierno español. Pero el daño ya estaba hecho. Trump no solo cuestionó el gasto, sino que castigó la negativa a prestar bases con la herramienta más afilada que tiene: el comercio.
La decisión, si se concreta, tendría consecuencias profundas. España y Estados Unidos mantienen una relación comercial significativa. Suspenderla de golpe sería un terremoto para empresas de ambos lados del Atlántico. Pero Trump, en su lógica, parece considerar que la lealtad aliada se mide en bases prestadas y presupuestos militares.
Mientras tanto, en Madrid, el silencio inicial daba paso a la preocupación. La negativa a participar en la operación contra Irán —una decisión soberana— ahora tiene un precio. Y ese precio, según Trump, es la ruptura comercial. La pregunta que flota es si Alemania, con Merz al frente, podrá realmente convencer a Sánchez de que el 5% no es una opción, sino una exigencia. O si, por el contrario, España se convertirá en el próximo campo de batalla de la guerra comercial que Trump libra contra sus propios aliados.
