Irán entierra a 171 mártires de Minab: el mundo presencia el funeral de las niñas asesinadas en su escuela

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Miles de personas despiden los pequeños féretros envueltos en la bandera iraní mientras el gobierno denuncia un crimen de guerra; la comunidad internacional observa en silencio la masacre que dejó decenas de estudiantes muertas bajo el nombre “Furia Épica”

Las calles de Minab no son las mismas desde el sábado 28 de febrero. Ese día, un proyectil partió en dos la vida de 171 personas. La mayoría, niñas. Ahora, sus cuerpos reposan en pequeños féretros que una marea humana carga entre lágrimas y consignas. Irán entierra a sus muertos, pero la indignación no cabe en las tumbas.

El funeral colectivo de este 3 de marzo reunió a miles de personas en el sur del país. Las imágenes recorren el mundo: ataúdes diminutos envueltos en la bandera nacional, mujeres vestidas de negro, hombres golpeándose el pecho, niños que miran sin entender. Detrás de cada féretro hay un nombre, una familia, un pupitre vacío en la escuela primaria Shajareh Tayyebeh.

El ataque ocurrió a plena luz del día. Las aulas estaban llenas de estudiantes cuando los proyectiles, atribuidos a la alianza entre Estados Unidos e Israel, impactaron el edificio. La operación militar del Pentágono, bautizada como “Furia Épica”, tenía como objetivo declarado instalaciones estratégicas iraníes. Pero en Minab no había cuarteles, ni lanzaderas de misiles, ni comandos enemigos. Había niñas aprendiendo a leer y escribir.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, denunció que los bombardeos alcanzaron zonas residenciales, hospitales y monumentos culturales, ignorando el principio de distinción entre objetivos civiles y militares. “Es una violación flagrante del derecho internacional humanitario”, sentenció. La ley internacional prohíbe expresamente atacar instituciones educativas. Pero las leyes, a veces, no detienen los misiles.

Durante las exequias, los asistentes corearon consignas contra el intervencionismo extranjero. El duelo se convirtió en manifestación política. El presidente Masoud Pezeshkian expresó su solidaridad con las familias y prometió que el hecho no quedará impune ante la justicia internacional. Las autoridades insisten en que la ofensiva demuestra un desprecio sistemático por la vida humana bajo la narrativa de “ataques preventivos” promovida desde Washington.

La masacre de Minab no es un hecho aislado. Es el punto más letal de una escalada regional que ya ha cobrado la vida de altas figuras del Estado iraní, incluido el Líder Supremo Alí Jameneí. En respuesta, Teherán lanzó misiles y drones contra objetivos en Israel y bases estadounidenses en Asia Occidental, afectando la seguridad en el estratégico Estrecho de Ormuz. La guerra se expande, pero en Minab solo hay silencio y tierra removida.

El sistema de salud iraní atiende a los sobrevivientes mientras las familias esperan respuestas. Teherán ha reiterado su llamado a la comunidad internacional para que condene los hechos y garantice que los responsables rindan cuentas por la muerte de decenas de menores. Pero por ahora, el mundo observa. Y en Minab, 171 féretros esperan bajo la tierra.

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