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Irán entierra a 787 mártires y clama venganza: “Nuestro líder se sacrificó para preservar la patria”.

El portavoz Esmail Baqai denuncia el asesinato del ayatolá Jamenei por EE.UU. e Israel; la escuela de Minab, con 165 niñas muertas, se convierte en símbolo de la agresión.

Setenta y ocho horas después del bombardeo, Irán sigue contando sus muertos. La cifra trepó a 787. Entre ellos, un líder espiritual, comandantes militares y 165 niñas que nunca llegaron a salir de su escuela en Minab. El portavoz de la cancillería, Esmail Baqai, habló este martes desde un escenario que aún huele a pólvora: la escuela Shahid Mahallati de Teherán, también alcanzada por los proyectiles.

El sábado, aviones y misiles de Estados Unidos y el régimen israelí barrieron Irán. Teherán, la capital, fue solo uno de los blancos. Hospitales, escuelas y barrios residenciales se convirtieron en objetivos. En Minab, al sur del país, más de 165 niñas murieron cuando un proyectil partió su aula en dos. La respuesta iraní no se hizo esperar: drones y misiles volaron hacia bases estadounidenses e israelíes en la región y en los territorios ocupados palestinos. Pero el daño ya estaba hecho.

Baqai, de pie frente a los periodistas, ofreció condolencias y advertencias. “Todos estamos de luto”, dijo, pero inmediatamente después trazó la línea moral del régimen: “Lo que le importa a cada iraní hoy es defender la patria”. El portavoz cargó contra la comunidad internacional, a la que acusó de dos años de inacción frente a los crímenes israelíes en los países vecinos. Esa indiferencia, advirtió, convierte a los espectadores en cómplices. Y la anarquía, sentenció, terminará alcanzando a todos

El punto más grave de su declaración, sin embargo, fue la confirmación del asesinato del líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei. Baqai lo dijo con palabras que resonaron como un epitafio y una amenaza: “Nuestro líder se sacrificó para preservar a Irán”. La frase, pronunciada en una escuela recién atacada, condensó el relato que Teherán quiere proyectar: la de una nación que resiste en soledad contra “los individuos más malvados”.

El choque, según Baqai, no es territorial ni político: es cósmico. “Los acontecimientos actuales representan un choque entre el bien y el mal”, afirmó. Y en esa guerra maniquea, Irán se presenta como “la única fuerza que queda contra el mal”. La retórica eleva la tensión más allá de lo militar: cualquier ataque contra civiles o infraestructura es, en sus palabras, “equivalente al genocidio”. La comunidad internacional, dividida y silenciosa, observa cómo la escalada verbal y la militar se retroalimentan.

Las fosas en Minab aún están abiertas. Los cuerpos de 165 niñas esperan tierra firme mientras sus familias maldicen los aviones que ya no están en el cielo. Pero Baqai lanzó un mensaje que viaja más allá de las tumbas: “El mundo debe saber lo que significa un Irán firme”. La advertencia ya no es un rumor. Es un epitafio colectivo y una promesa de resistencia.

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