La reforma constitucional elimina privilegios de altos funcionarios de paraestatales: quienes cobraban hasta un millón mensual bajarán sin posibilidad de amparo, aclara la presidenta.
Doce millones de pesos. Esa cifra, acumulada durante años en una cuenta de pensión, representa lo que algunos exfuncionarios públicos han recibido del erario por apenas un par de años en un cargo directivo. La nueva reforma, explicó Claudia Sheinbaum, no les quitará ese dinero ya pagado, pero sí cambiará las reglas del juego: de ahora en adelante, el cheque mensual no podrá superar los 70 mil pesos.
El anuncio llegó sin previo aviso en la conferencia mañanera. La pregunta sobre la “retroactividad” de la iniciativa encendió la alerta. Sheinbaum tomó la palabra y despejó dudas: nadie tendrá que devolver lo ya cobrado. La reforma no mira al pasado, sino que traza una nueva frontera. En esa línea, nombres como los de Ángel Gurría o María Amparo Casar emergieron como ejemplos de los montos que ahora serán reajustados. No se mencionó cuánto perciben específicamente, pero el contexto dejó claro que sus pensiones figuran entre las más elevadas
El mecanismo es simple en apariencia, pero profundo en sus efectos. La reforma opera sobre el límite constitucional de las pensiones para trabajadores de confianza de empresas estatales. Hasta hoy, ese tope era una ficción legal que permitía jubilaciones de ensueño: un millón de pesos al mes para quien ocupó una dirección durante 24 meses. Sheinbaum fue contundente al calificar esos montos como “excesivos”. El nuevo techo, 70 mil pesos, sigue siendo elevado, reconoció, pero impone un freno a la sangría de recursos públicos.
La controversia, sin embargo, no se centra en las cifras, sino en la blindaje legal. Los afectados, anticipan algunos, buscarán ampararse. La respuesta de la presidenta cortó cualquier especulación: contra una reforma constitucional, el amparo no procede. La única vía sería declarar la inconstitucionalidad de la norma, un proceso mucho más complejo y políticamente costoso. Sheinbaum lo dijo con claridad: el privilegio, si es que se le puede llamar así, tiene los días contados.
El mensaje del Palacio Nacional viaja directo a los domicilios de los exdirectivos de paraestatales: lo que recibieron, recibido está. Pero el grifo de las pensiones millonarias acaba de cerrarse. Y esta vez, la llave no la abrirá ningún juez
