Claudia Sheinbaum defiende la política exterior de no intervención y la autodeterminación de los pueblos, mientras confirma que México irá como observador a la Junta de Paz convocada por Donald Trump.
“Naciones Unidas no se ve por ningún lado”. La frase de Claudia Sheinbaum resonó este jueves en la Mañanera como un reclamo directo al organismo multilateral. En medio de la escalada bélica en Medio Oriente, la Presidenta exigió que la ONU recupere el espacio que le pertenece: el de la paz. No fue una crítica menor. Fue un llamado de atención desde el podio presidencial mexicano.
La conferencia matutina derivó hacia la política exterior cuando Sheinbaum abordó la crisis internacional. Lo hizo con un diagnóstico claro: el organismo mundial ha quedado relegado mientras los conflictos se intensifican. Su propuesta es que vuelva a sus orígenes, que busque la paz sin olvidar el desarrollo sostenible y justo de las naciones.
En ese contexto, la mandataria se refirió a Pedro Sánchez, presidente del gobierno español. Calificó como “muy respetable” su postura a favor de la paz, incluso con España dentro de la OTAN. Una forma sutil de marcar que se puede pertenecer a alianzas militares sin perder el horizonte del diálogo.
Pero el discurso de Sheinbaum no se quedó en diagnósticos generales. Fue directa a los principios que rigen la política exterior mexicana: no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de controversias. Lo dijo con énfasis: no solo es mandato constitucional, es convicción personal.
“Si hubiera un presidente que no quisiera la paz, tendría que respetar lo que está en la Constitución”, advirtió, dejando claro que el marco legal mexicano no da margen para aventuras bélicas. Una declaración que suena a blindaje frente a cualquier presión externa.
La ocasión para reforzar estos principios llegará pronto. Sheinbaum confirmó que México participará en la primera reunión de la Junta de Paz convocada por Donald Trump. Pero con matices: lo hará como observador, no como miembro de pleno derecho.
La decisión de no integrarse como participante activo responde a una línea roja que Sheinbaum trazó con claridad: México reconoce plenamente a Palestina e Israel como dos Estados. Esa postura, dijo, ha sido constante en su gobierno, que elevó la representación palestina a embajada plenipotenciaria.
“Declinamos porque consideramos que hay que reconocer a plenitud a Palestina y a Israel”, explicó. La asistencia como observadores permite a México estar en la mesa sin comprometer ese principio. Los embajadores ante la ONU y Estados Unidos serán los encargados de llevar la voz mexicana, aunque con la cautela de quien escucha antes de opinar.
“No sé exactamente qué países van a ir, hay que esperar a ver cuál es el objetivo de la reunión para poder opinar”, acotó, dejando abierta la posibilidad de tomar postura una vez que conozca los detalles.
Mientras la ONU parece ausente en los grandes conflictos, México afila su diplomacia. Sheinbaum reclama al organismo multilateral que vuelva a su esencia, pero mientras eso ocurre, su gobierno ya trazó la ruta: no intervención, paz por convicción y un asiento de observador en la mesa de Trump. Ni un paso atrás en los principios, pero con los ojos abiertos a lo que viene.
