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“Una cruzada moderna”: militares denuncian que EEUU justifica la guerra contra Irán como plan divino.

Más de 100 soldados reportaron que comandantes aseguran que Trump fue “ungido por Jesús” para el Armagedón, mientras el Pentágono instituye oraciones cristianas y el secretario de Guerra luce tatuajes de las cruzadas.

No es una guerra cualquiera. Para las tropas estadounidenses desplegadas contra Irán, el mensaje de sus comandantes va más allá de lo estratégico: es teológico. “Es todo parte del plan divino de Dios”, les dijeron en más de 40 unidades y 30 bases. Trump, según este relato castrense, no es solo un comandante en jefe. Es alguien “ungido por Jesús” para impulsar el Armagedón. La denuncia de más de 100 militares encendió las alarmas sobre la ruptura de la separación Iglesia-Estado en el Pentágono.

Cuando Donald Trump envió a jóvenes uniformados al conflicto, lo hizo con el ritual de siempre: un mensaje en X bendiciendo a las fuerzas armadas y a Estados Unidos. Pero lo que rodea esta orden de ataque no tiene precedentes recientes. Circulan informes de que comandantes declararon a sus tropas que la misión es divina. Pastores cristianos nacionalistas repiten que el gobierno encabeza una lucha existencial por la civilización cristiana.

La Military Religious Freedom Foundation, que monitorea la separación entre religión y Estado, documentó las quejas. Los denunciantes afirman que altos oficiales justificaron la guerra como parte de un plan celestial. Y no son casos aislados: las presuntas violaciones ocurrieron en más de 30 bases estadounidenses.

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha institucionalizado la fe en el Pentágono. Desde que asumió el cargo, impulsa sesiones de oración cristiana. Hace unas semanas, invitó al pastor ultraconservador Douglas Wilson a dar un discurso. Wilson promueve que la fe debe imponerse sobre el gobierno y la sociedad, y ha cuestionado el derecho al voto de las mujeres.

Hegseth nunca ocultó su militancia religiosa. Lleva tatuada una cruz de Jerusalén en el pecho —símbolo de las cruzadas— y las palabras “Deus vult” (Dios lo quiere), que algunos asocian con el grito de los cruzados. Él mismo las ha definido como expresión de “una cruzada cristiana estadounidense de tiempos modernos”.

La Oficina de Fe de la Casa Blanca, creada por Trump en febrero de 2025, está encabezada por alguien que durante meses ha repetido que las batallas del gobierno son parte de una “guerra santa”. El propio mandatario ha alimentado esa narrativa: sobrevivir a un intento de asesinato en campaña fue, según sus palabras, “una señal de Dios” para encabezar el esfuerzo sagrado de “hacer grande a América otra vez”.

Mientras el Pentágono se llena de oraciones, el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó a Irán en términos que algunos considerarían un espejo: “lunáticos religiosos fanáticos”. La ironía de que un gobierno con altos funcionarios que hablan de guerras santas señale a otros por extremismo religioso no pasó desapercibida.

El embajador en Israel, Mike Huckabee, fue más allá. En entrevista con Tucker Carlson el 20 de febrero, dijo que “estaría muy bien” si Israel tomara “esencialmente todo Medio Oriente”, porque eso está prometido en la Biblia. La justificación bíblica de la expansión territorial israelí ya no es un tema de nicho: es declaración oficial.

“Si Dios está de nuestro lado, frenará la próxima guerra”, cantó Bob Dylan. Pero en el Pentágono de 2025, la pregunta es si Dios está de su lado para iniciarla. Más de 100 militares creen que sus comandantes ya respondieron: sí, y es una cruzada. La separación entre Iglesia y Estado, uno de los pilares de la democracia estadounidense, se desdibuja mientras los aviones despegan hacia Irán.

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