Ebrard y Greer acuerdan primera ronda de diálogo bilateral para discutir reglas de origen, cadenas de suministro y reducción de dependencia de importaciones extraregionales, en preparación para la revisión formal del tratado.
La cuenta regresiva para la revisión del T-MEC ya tiene fecha de inicio: 16 de marzo. Ese día, México y Estados Unidos sentarán a sus equipos negociadores en la primera ronda formal de conversaciones bilaterales. El anuncio, hecho por Marcelo Ebrard desde la Secretaría de Economía, marca el punto de partida de un proceso que definirá el futuro del comercio en América del Norte.
El acuerdo se alcanzó con el embajador Jamieson Greer, representante Comercial de Estados Unidos. Ambos funcionarios coincidieron en la necesidad de iniciar cuanto antes los trabajos preparatorios para la revisión del tratado trilateral. La primera reunión, programada para la semana del 16 de marzo, será el inicio de un diálogo que, según lo pactado, tendrá continuidad con encuentros regulares.
Ebrard actuó por instrucciones directas de la presidenta Claudia Sheinbaum. El mensaje era claro: comunicar formalmente el inicio de las conversaciones y mantener informados a los sectores productivos sobre los avances en los próximos días.
La agenda de la primera ronda incluye temas estructurales que determinarán la competitividad regional frente a otras potencias económicas. Las reglas de origen encabezan la lista, seguidas por el aumento de la producción regional y la integración de las economías de América del Norte. El objetivo, según explicó Ebrard, es mejorar la seguridad de las cadenas de suministro para hacerlas más resilientes.
Greer, por su parte, emitió un comunicado en sintonía con la postura mexicana. El representante comercial estadounidense subrayó la necesidad de reducir la dependencia de importaciones de fuera de la región, fortalecer las reglas de origen y garantizar que los beneficios del acuerdo se queden principalmente entre los socios norteamericanos.
Ambos funcionarios coincidieron en que la revisión conjunta no debe limitarse a lo estrictamente comercial, sino que debe abordar la integración productiva como un mecanismo para blindar a la región ante crisis externas.
La relación comercial entre México y Estados Unidos enfrenta desafíos que van más allá de los aranceles. La relocalización de cadenas de valor, conocida como nearshoring, depende en gran medida de reglas claras que incentiven la inversión. Las conversaciones que arrancan el 16 de marzo serán la primera prueba de fuego para medir la voluntad política de ambos gobiernos de profundizar la integración.
El hecho de que Greer haya puesto énfasis en “garantizar que los beneficios beneficien principalmente a las partes” revela una preocupación compartida: que el T-MEC no se convierta en una puerta giratoria para productos de otras regiones con poco valor agregado local.
El 16 de marzo no es solo una fecha en el calendario. Es el momento en que México y Estados Unidos comenzarán a escribir el siguiente capítulo de su relación comercial. Las reglas de origen, las cadenas de suministro y la producción regional estarán sobre la mesa. Lo que se decida en esas conversaciones definirá, en buena medida, si América del Norte compite como bloque o se queda rezagada.
