Markwayne Mullin, senador republicano que casi se pelea con un testigo en audiencia y defiende la guerra en televisión, reemplaza a Kristi Noem al frente del Departamento encargado de inmigración y protección fronteriza.
Un niño del oeste de Oklahoma, ganadero, miembro de la Nación Cherokee y exluchador de MMA ahora tendrá en sus manos la seguridad nacional de Estados Unidos. Donald Trump anunció este jueves que Markwayne Mullin, senador republicano conocido por su estilo confrontativo y su sombrero de vaquero, será el nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional en sustitución de Kristi Noem. La noticia tomó por sorpresa incluso al propio nominado: “No fue una sorpresa total, sino un poco sorprendente”, confesó.
El ascenso de Mullin no es casualidad. Desde su llegada al Congreso en 2012, primero como representante y luego como senador desde 2022, se ha convertido en uno de los defensores más vocales de Trump en los medios. Sus apariciones en programas de cable son casi ininterrumpidas, siempre con el mismo libreto: defender la administración y atacar a sus críticos. Una estrategia que, según analistas, le ha granjeado el favor presidencial.
El propio Trump bromeó sobre el carácter de Mullin el año pasado en un evento en la Casa Blanca: “No pelees con él. Es un luchador serio en muchos sentidos y también es un gran tipo”. La advertencia no era ociosa.
El historial de Mullin está lleno de episodios que lo perfilan como un personaje atípico en la política washingtoniana. Durante el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, ayudó a montar una barricada improvisada dentro de la Cámara y, según videos presentados en juicios posteriores, intentó dialogar con un alborotador a través de vidrios rotos. Esa noche, se sumó a la mayoría republicana que votó contra la certificación de la derrota electoral de Trump.
En el Senado, su presencia se anuncia con el sonido de una pelota de goma que hace rebotar contra las paredes de mármol para aliviar el estrés. Pero no todo es ruido inofensivo. En 2023, durante una audiencia del Comité del Senado, se levantó de su asiento desafiando a pelear al presidente de los Teamsters, Sean O’Brien. El momento quedó grabado como una muestra de su temperamento explosivo.
Las recientes apariciones de Mullin defendiendo la guerra contra Irán han desatado polémica en redes sociales. En un intercambio con CNN, insistió en que Trump no ha roto su promesa de campaña de no iniciar nuevas guerras porque “esto no es una guerra”. La declaración fue ampliamente ridiculizada.
Pero lo que generó mayor escarnio fue su intento de describir la experiencia bélica, a pesar de no haber servido nunca en el ejército: “Huele mal. Si alguien alguna vez ha estado allí y ha podido oler la guerra que está sucediendo a tu alrededor, saborearla, llenarla en tus fosas nasales y escucharla, es algo que nunca olvidarás”. Las críticas llovieron por apropiarse de vivencias que no le pertenecen.
Su relación con colegas también es accidentada. Llamó “maldita serpiente” al senador Rand Paul, presidente del Comité de Seguridad Nacional que debe aprobar su nominación. Incluso justificó la agresión que sufrió Paul por parte de un vecino: “Entiendo perfectamente por qué su vecino hizo lo que hizo”. La declaración podría costarle el apoyo del republicano clave.
Un exluchador de MMA con pelota antiestrés, sombrero vaquero y nula experiencia en seguridad nacional dirigirá ahora la agencia encargada de proteger las fronteras y gestionar la política migratoria. Mullin promete: “Vamos a tratar de ganar el voto de todos. Mi objetivo es mantener la patria segura”. La pregunta es si su carácter confrontativo lo ayudará o lo hundirá en el cargo.
