Putin advierte: el conflicto en Medio Oriente cerrará el estrecho de Ormuz y disparará precios globales.

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El presidente ruso asegura que la producción petrolera en la región podría detenerse en un mes por la interrupción de suministros, mientras el GNL se reduce drásticamente y la inflación golpea la economía mundial.

El estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado. La producción de petróleo que depende de esa ruta corre el riesgo de detenerse por completo “en el próximo mes”. La advertencia no provino de un analista energético ni de un organismo multilateral. La lanzó este lunes Vladímir Putin desde Moscú, en una reunión sobre la situación del mercado mundial de petróleo y gas. El mensaje fue claro: la desestabilización de Medio Oriente ya golpea al mundo entero.

Putin comenzó su intervención recordando las advertencias previas de Rusia. Durante meses, dijo, Moscú había señalado que cualquier intento de desestabilizar la región pondría en riesgo el complejo global de combustible y energía. “Y, por lo que parece, esto es exactamente lo que está sucediendo”, sentenció.

El líder ruso describió un escenario de consecuencias en cadena. Los precios del petróleo y el gas aumentan, el acceso a los recursos se limita y los planes de inversión a largo plazo se ven afectados. La interrupción de suministros, explicó, no solo impacta los mercados energéticos, sino que golpea “todo el sistema de relaciones económicas internacionales”.

Putin detalló los efectos concretos de la crisis. Los tanques en la región se están llenando de petróleo que no puede exportarse, o cuyo transporte es “muy difícil y costoso”. El cambio completo de los suministros sin utilizar el estrecho de Ormuz, afirmó, es “actualmente irrealizable”.

La situación en el mercado del gas no es mejor. Las entregas de GNL se han reducido drásticamente. Putin advirtió que esto agudiza la competencia entre compradores por los proveedores de recursos energéticos.

Las consecuencias, según su diagnóstico, trascienden el sector energético. “Tras la interrupción de suministros vienen otros problemas de carácter puramente económico”, explicó. La inflación aumenta, y la producción no solo de petróleo y gas, sino también de bienes industriales, se ve afectada.

En medio del diagnóstico global, Putin dedicó un espacio a las empresas energéticas rusas. Las describió como históricamente estables. Y lanzó una recomendación que suena a instrucción: “Deben aprovechar este momento para utilizar sus ingresos con el fin de reducir su carga de deuda”.

El cambio en el equilibrio entre oferta y demanda, dijo, “conducirá a una nueva realidad de precios sostenibles”. Rusia, según su presidente, debe estar lista para esa nueva realidad.

La pregunta que flota es si la crisis en Medio Oriente, que Putin atribuye a intentos de desestabilización, terminará beneficiando a Moscú en el tablero energético global.

El estrecho de Ormuz se cierra, los tanques se llenan sin poder vaciarse y el GNL escasea. Putin observa desde Moscú y advierte: esto apenas comienza. Para Rusia, dice, puede ser una oportunidad. Para el mundo, una factura energética que no dejará de crecer.

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