Díaz-Canel confirma contactos con EE.UU. para negociar salidas al bloqueo en medio de la crisis.

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El presidente cubano anuncia diálogos con Washington mientras la isla enfrenta apagones, escasez de combustible y la liberación de 51 presos, en un contexto que evoca el deshielo de 2014.

La Habana y Washington han vuelto a hablar. Miguel Díaz-Canel lo confirmó este viernes en un mensaje difundido por la televisión estatal: funcionarios cubanos sostienen contactos con el gobierno de Estados Unidos para explorar salidas al bloqueo económico. El anuncio llega en medio de la peor crisis en décadas, con apagones diarios, combustible escaso y una población que enfrenta carencias básicas.

El mandatario cubano explicó que las conversaciones buscan “encontrar soluciones mediante el diálogo a las diferencias bilaterales”. La postura, dijo, da continuidad a lo expresado el pasado 5 de febrero, cuando aseguró que la isla estaba dispuesta a tender puentes con Washington. “Hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos, sin prejuicios”, reiteró.

El contexto es dramático. La administración Trump declaró la emergencia nacional respecto a Cuba y endureció las restricciones al flujo de combustible, asfixiando aún más a una economía ya debilitada. La escasez de gasolina paraliza sectores enteros, mientras los apagones programados se han vuelto parte de la rutina.

Paralelamente al anuncio diplomático, el gobierno cubano informó la liberación de 51 presos. Según las autoridades, se trata de personas que han cumplido una parte significativa de sus condenas y mantuvieron buena conducta. El Vaticano habría mediado en esta decisión.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos matizan el gesto. Justicia 11J, colectivo que agrupa a represaliados de las protestas de 2021, recordó que en las cárceles cubanas permanecen más de mil detenidos considerados presos políticos. Para ellos, cualquier acercamiento entre La Habana y Washington debería incluir la liberación plena de quienes están encarcelados por motivos políticos.

Las conversaciones evocan el deshielo de 2014, cuando Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas. En aquel entonces, la apertura vino acompañada de la liberación de decenas de presos y de una limitada apertura al sector privado en la isla.

La pregunta que flota es si la nueva administración estadounidense, bajo el liderazgo de Trump, estará dispuesta a repetir ese esquema. Las recientes medidas de endurecimiento sugieren lo contrario, pero el hecho de que existan contactos indica que al menos hay un canal abierto.

Cuba tiende la mano mientras la crisis aprieta. Díaz-Canel habla de diálogo, libera a 51 presos y evoca la posibilidad de trabajar “sin prejuicios”. Washington, por ahora, mantiene el bloqueo y las restricciones. El deshielo de 2014 parece lejano, pero el hielo nunca dejó de crujir.

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