El secretario de Guerra, Pete Hegseth, asegura que Mojtaba Khamenei sufrió lesiones graves tras los ataques, mientras Teherán reconoce que resultó herido pero insiste en que mantiene el control político del país.
El hombre que heredó el liderazgo supremo de Irán tras la muerte de su padre no solo carga con el peso de la guerra, sino también con las marcas físicas de los bombardeos. Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, aseguró este viernes que Mojtaba Khamenei resultó “herido y probablemente desfigurado” durante los ataques recientes contra territorio iraní. La declaración, sin pruebas públicas que la respalden, añade una capa de misterio a la ya enrarecida sucesión en Teherán.
La afirmación del Pentágono se produce en un vacío informativo. Desde que asumió el liderazgo, Mojtaba Khamenei no ha sido visto en público. Su primer mensaje a la nación fue difundido únicamente en texto por la televisión estatal iraní, sin imágenes ni grabaciones de voz. Una omisión que, para Hegseth, no es casual.
“Cuentan con los medios tecnológicos suficientes para mostrar a su líder”, señaló el funcionario, insinuando que la ausencia de imágenes responde a las lesiones sufridas por el ayatolá.
Desde Teherán, las versiones oficiales reconocen que el nuevo líder resultó herido, pero sostienen que continúa participando en las decisiones de gobierno y mantiene el control político. La narrativa iraní busca proyectar estabilidad en medio de la tormenta.
Mojtaba Khamenei asumió el cargo tras la muerte de su padre, Ali Khamenei, ocurrida al inicio de la ofensiva militar estadounidense-israelí contra Irán. Su figura, hasta ahora poco conocida en el ámbito internacional, ha estado rodeada de incertidumbre desde el primer momento.
Las especulaciones sobre su estado físico se suman a las dudas sobre su capacidad para liderar a la República Islámica en uno de los momentos más tensos para el país en décadas. La guerra, la sucesión y ahora las lesiones del líder configuran un escenario de alta volatilidad.
La declaración de Hegseth no es un dato menor. Si es cierta, la desfiguración de Mojtaba Khamenei tendría implicaciones políticas y simbólicas profundas. Un líder herido, marcado físicamente por el enemigo, podría ser visto como una figura debilitada o, por el contrario, como un mártir viviente.
La ausencia de pruebas, sin embargo, abre la puerta a la especulación. El Pentágono no ha mostrado imágenes, ni ha ofrecido detalles sobre cómo obtuvo la información. La guerra informativa corre paralela a la militar.
Mojtaba Khamenei llegó al poder en medio de las bombas. Ahora, Estados Unidos asegura que esas bombas le dejaron huellas imborrables. Teherán lo niega, pero no lo muestra. El misterio sobre el rostro del nuevo líder supremo es también el misterio sobre el futuro de Irán en la guerra.
