Colectivo de búsqueda localiza 16 fosas en el desierto de Sonoyta, donde yacen cuerpos de posibles víctimas de desaparición, entre ellas migrantes; la antigüedad y dispersión de los restos complican la identificación.
El desierto de Sonoyta guardaba un secreto macabro durante años. Un colectivo de búsqueda encontró un “panteón clandestino” con al menos 22 osamentas dispersas en 16 fosas. Los restos, algunos con hasta 15 años de antigüedad, yacían entre prendas de vestir, cobijas y objetos personales, incluyendo un anillo de matrimonio. La Fiscalía de Sonora ya trabaja en la identificación, pero el panorama es desolador.
El hallazgo ocurrió mientras el colectivo “Buscando a Jonás Puerto Peñasco” rastreaba la zona en busca de Pedro Marcos León López, desaparecido el 22 de febrero de 2023. Durante las labores, parte del grupo amplió el perímetro y dio con el sitio. Lo que encontraron superó cualquier expectativa: un área utilizada durante años para inhumaciones clandestinas.
Peritos de distintas regiones del estado, agentes ministeriales, elementos del Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal acudieron al lugar. Las condiciones del terreno y la dispersión de los restos —cráneos, fémures, vértebras— sugieren que el sitio fue usado de manera recurrente.
El colectivo reportó que algunas fosas estaban vacías, y que los restos humanos se encontraban dispersos junto con pertenencias. La presencia de objetos personales podría ser clave para la identificación, pero los análisis forenses determinarán su relevancia.
La Fiscalía General de Justicia del Estado indicó que aún no es posible determinar a cuántas personas corresponden los restos. Se realizan estudios de reasociación ósea, antropológicos y genéticos. El proceso será largo y complejo.
El colectivo hizo un llamado a familiares de personas desaparecidas en la región de Sonoyta y la frontera norte de Sonora, incluidos migrantes, para que acudan a las autoridades a aportar muestras de ADN. La zona es un corredor migratorio y también un territorio disputado por el crimen organizado. Muchos de los restos podrían pertenecer a personas que cruzaban en busca de una vida mejor.
Las labores de búsqueda y procesamiento continuarán en los próximos días. No se descarta que haya más fosas en el área.
Dieciséis fosas, veintidós osamentas, quince años de olvido. El desierto de Sonoyta escupió una parte de su macabra historia. Detrás de cada hueso hay un nombre, una familia, una historia de dolor. La búsqueda de Pedro Marcos León López destapó un cementerio clandestino. La pregunta es cuántos más quedan por encontrar.
