La presidenta acusa al dirigente de Movimiento Ciudadano de intentar distanciarla de López Obrador con un discurso “machista” que niega la capacidad de las mujeres para gobernar por sí mismas.
“Como si hablara todos los días por teléfono con el presidente López Obrador para que me diga qué hacer”. La burla de Claudia Sheinbaum resonó en la Mañanera como un latigazo contra Jorge Álvarez Máynez. El dirigente de Movimiento Ciudadano había sugerido que AMLO es quien realmente decide en el gobierno y que la revocación de mandato solo pone en aprietos a la presidenta. La respuesta fue contundente y con dos frentes: el político y el de género.
El periodista César Huerta puso sobre la mesa los dichos de Máynez. Sheinbaum no dudó en desmenuzarlos. Según la presidenta, las declaraciones del emecista buscan dos cosas: primero, generar un distanciamiento entre su gobierno y el de Andrés Manuel López Obrador; segundo, exhibir una visión machista que niega la autonomía de las mujeres.
“Mal haría yo, sería traicionarme a mí misma, al proyecto del que vengo y al pueblo de México”, afirmó, dejando claro que no habrá ruptura porque ambos son parte de un mismo proyecto de transformación que lleva siete años.
Sheinbaum reconoció que cada gobierno tiene su estilo, pero eso no implica una separación de principios. La Cuarta Transformación, dijo, es un movimiento colectivo, no una dependencia personal.
El segundo punto de su respuesta apuntó directamente a la mentalidad de quienes, según ella, no conciben a una mujer en el poder sin un hombre detrás. “De que las mujeres no tenemos libre albedrío, de que las mujeres dependemos de otros, de que no podemos tomar nuestras decisiones. Que necesariamente hay un hombre detrás de nosotros diciendo qué hacer”, enumeró.
La presidenta calificó esas ideas como “muy machistas” y aseguró que el pueblo ya no se deja engañar con esas mentiras.
El intercambio refleja la persistente tensión entre Morena y Movimiento Ciudadano, especialmente después de que el partido naranja se negara a sumarse a las alianzas opositoras. Máynez ha sido uno de los críticos más ácidos del oficialismo, y sus declaraciones suelen buscar minar la figura de Sheinbaum como líder autónoma.
La respuesta de la presidenta no solo lo pone en su lugar, sino que eleva el debate al terreno de la igualdad de género, un tema donde el emecista queda en una posición incómoda.
Sheinbaum no necesita que le digan qué hacer, dijo. Y quien piense lo contrario, está equivocado. Máynez recibió una lección doble: sobre política y sobre machismo. La presidenta dejó claro que gobierna por sí misma, con su propio estilo, pero sin traicionar el proyecto que la trajo hasta ahí.
