Irán incendia el Golfo: ataca refinerías sauditas, qataríes y emiratíes en una escalada energética sin precedentes.

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Teherán golpea infraestructura petrolera y de gas en toda la región en represalia por bombardeos israelíes, mientras los precios del crudo se disparan y el estrecho de Ormuz sigue bloqueado.

El Golfo Pérsico arde. Irán lanzó este jueves una ofensiva masiva contra instalaciones energéticas de Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, en una escalada que sacude los cimientos de la economía global. Los misiles y drones iraníes alcanzaron refinerías, plantas de GNL y operaciones de gas, mientras el estrecho de Ormuz permanece cerrado y una quinta parte del petróleo mundial no puede salir. La guerra energética ya no es una amenaza: es una realidad.

Los ataques son la respuesta de Teherán al bombardeo israelí contra un yacimiento de gas iraní clave. Desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero, Irán ha perdido a sus principales líderes y gran parte de su capacidad militar, pero sigue siendo capaz de golpear con precisión a sus vecinos.

Qatar reportó daños “extensos” en la instalación de GNL de Ras Laffan, una de las más importantes del mundo. Arabia Saudita confirmó que la refinería Samref, en la ciudad portuaria de Yanbu, fue alcanzada. El reino había comenzado a bombear petróleo hacia el mar Rojo para evitar Ormuz, pero los drones iraníes llegaron hasta allí.

Kuwait informó que dos de sus refinerías fueron atacadas, y Abu Dhabi sufrió daños en sus operaciones de gas.

El secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Aboul Gheit, calificó los ataques como una “peligrosa escalada”. Pero Irán no da señales de retroceder. En el mar Rojo, un dron alcanzó una refinería saudita, mientras que frente a las costas de Emiratos y Qatar, dos barcos resultaron incendiados o dañados.

En Israel, más de media docena de oleadas de misiles iraníes enviaron a millones de personas a los refugios. La red eléctrica del norte sufrió daños, y la refinería de Haifa amaneció cubierta de humo negro.

El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., confirmó que las fuerzas estadounidenses continúan atacando más profundamente en territorio iraní. Aviones de guerra cazan embarcaciones en Ormuz, helicópteros derriban drones y bombas de 5 mil libras destruyen instalaciones subterráneas de almacenamiento de armas.

El costo humano es cada vez más alto. Más de mil 300 personas han muerto en Irán. En Líbano, los ataques israelíes contra Hezbolá han desplazado a más de un millón de personas y causado más de mil muertos. Israel reporta 15 víctimas por misiles iraníes, y cuatro personas murieron en Cisjordania.

Trece militares estadounidenses han perdido la vida.

En un hecho paralelo, Irán anunció la ejecución de tres hombres detenidos en las protestas de enero, las primeras sentencias de este tipo que se hacen públicas.

El Golfo ya no es un lugar de tránsito, es un campo de batalla. Las refinerías arden, los barcos se incendian y los precios del petróleo se disparan. Irán demostró que, aunque herido, puede prender fuego a toda la región. La economía mundial tiembla.

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