La tarifa residencial mexicana equivale al 62.76% del promedio mundial y es hasta cuatro veces más baja que en países europeos como Italia y Alemania; solo Turquía registra un precio menor entre los miembros del organismo.
Dos pesos con cinco centavos. Ese es el precio que pagan los hogares mexicanos por cada kilowatt hora de electricidad. La cifra no es un dato menor: ubica a México como el segundo país con la tarifa residencial más barata de toda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Solo Turquía, con 0.067 dólares por kWh, se encuentra por debajo. La brecha con el resto del mundo es abismal.
Los datos corresponden al cuarto trimestre de 2025 y fueron recopilados por Global Petrol Prices, una plataforma especializada en seguimiento de tarifas energéticas a nivel global. El precio en México se fijó en 0.107 dólares por kilowatt hora, equivalentes a 2.05 pesos. La cifra no es un espejismo de un trimestre específico: el posicionamiento se mantiene consistente en mediciones sucesivas, consolidando al país como el segundo más barato de la OCDE en electricidad residencial.
La comparación con Europa es especialmente reveladora. Italia cobra 0.445 dólares por kWh, Alemania 0.417 y Bélgica 0.404. En términos simples, los hogares mexicanos pagan entre tres y cuatro veces menos que sus pares europeos. Frente al promedio continental norteamericano, la tarifa doméstica mexicana representa menos de la mitad. Y en el contexto global, el precio en México equivale apenas al 62.76 por ciento del promedio mundial de electricidad para hogares, que se ubica en 0.185 dólares por kWh.
El principal responsable de sostener esta tarifa es la Comisión Federal de Electricidad. Como empresa pública del Estado, la CFE opera bajo una lógica que prioriza la accesibilidad sobre la maximización de ganancias. Ese modelo, sostenido durante décadas, ha permitido que México mantenga una ventaja competitiva frente a sus socios comerciales más cercanos.
Estados Unidos y Canadá, países con los que México comparte el tratado comercial de América del Norte, tienen tarifas residenciales sensiblemente más altas. El dato es relevante no solo para los consumidores domésticos, sino para la competitividad industrial del país. Una electricidad más barata reduce costos operativos y puede traducirse en ventajas para la manufactura y los servicios.
El posicionamiento de México en este indicador no es nuevo, pero adquiere relevancia en un contexto global donde los precios de la energía han mostrado volatilidad. Europa ha sufrido incrementos significativos en sus tarifas eléctricas debido a la crisis energética desatada por la guerra en Ucrania. México, en cambio, se mantiene estable gracias a su modelo de generación mixta y al rol central de la CFE.
El elemento más crítico de este posicionamiento es su sostenibilidad. Mantener tarifas bajas requiere inversión constante en generación, transmisión y distribución. La CFE ha sido objeto de debates sobre su capacidad financiera y técnica para mantener la infraestructura energética del país. Las tarifas bajas, aunque beneficiosas para los consumidores, pueden generar tensiones en las finanzas de la empresa pública si no van acompañadas de inversiones adecuadas.
El contraste con Europa también plantea preguntas sobre el modelo energético. Los países europeos han apostado por la transición hacia energías renovables, un proceso que ha elevado temporalmente sus costos. México, con una matriz energética donde los combustibles fósiles aún tienen un peso significativo, ha evitado esos incrementos. La pregunta de fondo es si la apuesta por tarifas bajas es compatible con una transición acelerada hacia fuentes más limpias.
El dato de Global Petrol Prices refleja una realidad innegable: la electricidad en México es más barata que en la mayoría de los países desarrollados. Pero también es cierto que la calidad del servicio, la continuidad del suministro y la inversión en redes son variables que no capturan los precios por kilowatt hora.
Dos pesos con cinco centavos. Esa es la cifra que convierte a México en el segundo país de la OCDE con la electricidad residencial más barata. Solo Turquía ofrece una tarifa menor. Frente a Italia, Alemania y Bélgica, los hogares mexicanos pagan entre tres y cuatro veces menos. La CFE, como empresa pública, sostiene ese precio. Los datos de Global Petrol Prices lo confirman. Y mientras Europa debate cómo financiar su transición energética, México mantiene una ventaja que, al menos en el bolsillo de los consumidores, no tiene discusión.
