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180 horas bajo tierra: la carrera contra el tiempo en Sinaloa

Tres mineros permanecen atrapados desde el 25 de marzo en El Rosario mientras 300 elementos trabajan sin descanso para contener la inestabilidad estructural

El reloj no se detiene en Santa Fe.

Trece días han pasado. Tres hombres siguen atrapados. La tierra no cede fácilmente.

El colapso ocurrió el 25 de marzo. Una presa de jales se vino abajo. Desde entonces, el Puesto de Mando Unificado tiene un único objetivo: sacarlos con vida.

Las últimas horas trajeron un avance concreto. Literalmente. Ayer comenzó la edificación de un tapón definitivo de concreto. Cinco metros de dimensión. Anclado al terreno. Armado por temperatura. La ingeniería dice que soportará la carga hidráulica total de la zona.

Ya lleva un 50 por ciento de avance.

Pero el peligro no desapareció. Los especialistas detectaron inestabilidad estructural en un tapón natural de rezaga y lodo. Ese diagnóstico encendió todas las alarmas. Por eso el concreto. Por eso la urgencia.

El número de elementos desplegados impresiona. Trescientos efectivos. Los tres órdenes de gobierno movilizados. Más de 180 horas de trabajo ininterrumpido. No han parado. No pueden hacerlo.

Brigadas voluntarias llegaron desde otras unidades mineras. También de distintos estados del país. Manos extra que se sumaron al esfuerzo colectivo.

Las cifras del rescate hablan por sí solas. Ciento veintinueve metros de jales removidos en total. Solo en la última jornada, treinta metros más. Metro a metro. Con paciencia de cirujano.

Hay más frentes abiertos. Un barreno de exploración perfora la tierra en este momento. Busca determinar las condiciones exactas del frente de trabajo. También se canalizan aguas subterráneas hacia el sector norte de la mina. Cada gota desviada es una variable menos de riesgo.

El Puesto de Mando Unificado lo dijo sin rodeos. La prioridad hoy es consolidar la seguridad estructural del yacimiento. Sin eso, no hay rescate posible.

Los tres mineros esperan. La montaña los tiene. Y 300 personas no descansan hasta devolverlos a la superficie.

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