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Diésel recibe 81% de subsidio: Hacienda castiga a gasolinas y protege logística

El acuerdo oficializado este viernes en el Diario Oficial de la Federación revela una prioridad clara: contener la inflación en cadenas productivas mientras las gasolinas apenas reciben alivio parcial.

81.20%. Ese es el estímulo que Hacienda le otorga al diésel. Para la gasolina de menos de 91 octanos: 31.34%. Para la de mayor octanaje: 18.48%. La diferencia no es un error. Es una decisión.

Este viernes, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público oficializó en el Diario Oficial de la Federación los nuevos porcentajes de estímulo fiscal al IEPS. El periodo: del 4 al 10 de abril de 2026. Y los números cuentan una historia clara. El diésel recibe un subsidio de hasta 5.9791 pesos por litro. Las gasolinas, apenas 2.0998 y 1.0456 pesos. El gobierno está apostando fuerte por el transporte de mercancías.

¿Por qué tanta diferencia? El diseño del esquema refleja una priorización estratégica. El diésel es el combustible que mueve la logística del país. Aliviar su carga fiscal es una forma de contener presiones inflacionarias en las cadenas productivas. Pero ojo: aun con estos estímulos, las cuotas del IEPS que efectivamente se cobran siguen siendo relevantes, especialmente en gasolinas. No es un subsidio total. Es un amortiguamiento parcial. Y la ausencia de estímulos complementarios (todos en cero) confirma que Hacienda eligió una intervención moderada: ajusta sin renunciar por completo a la recaudación fiscal.

El mecanismo permite reducir la carga fiscal cuando hay presiones en los mercados energéticos internacionales. Así se evitan incrementos abruptos en el precio final al consumidor. Pero la política de estímulos ha sido variable en semanas recientes. Incluso ha habido periodos sin apoyo. Hacienda maneja el timón con flexibilidad, según el comportamiento de los precios del petróleo y los combustibles. La pregunta incómoda: ¿cuánto durará este respiro?

El diésel gana. Las gasolinas, apenas sobreviven. Y Hacienda mira el petróleo con un ojo en la inflación y el otro en la recaudación.

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