El vicepresidente estadounidense advirtió desde Budapest que Washington ya cumplió sus objetivos militares; dijo que Teherán puede causar daño económico, pero EE.UU. puede infligir un daño “mucho mayor”.
“Sean un país normal”. La frase de J.D. Vance no fue una sugerencia diplomática. Fue un ultimátum. El vicepresidente estadounidense, en rueda de prensa conjunta con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, planteó dos caminos para Irán. El primero: integrarse al sistema mundial de comercio, dejar de financiar el terrorismo. “Eso les augura un futuro mucho mejor”. El segundo: seguir como están. Y entonces, advirtió, “la situación económica en Irán seguirá siendo muy, muy mala” y “probablemente empeore”.
Vance habló desde Budapest, en un escenario donde la administración Trump busca aliados en Europa para su postura contra Irán. El vicepresidente fue claro: los objetivos militares de Estados Unidos se han cumplido durante las cinco semanas de conflicto. No dio detalles, pero la afirmación sugiere que Washington considera que su campaña de bombardeos y ataques ha alcanzado los blancos previstos.
El vicepresidente reconoció que Irán tiene capacidad para causar daño económico a través del estrecho de Ormuz. Pero advirtió que Estados Unidos puede infligir un daño “mucho mayor”. “Así que espero que sean inteligentes”, zanjó.
Vance también hizo una mención religiosa: dijo que espera que “Dios esté de acuerdo con la decisión de que Irán no debería tener un arma nuclear”. Es una declaración que busca enmarcar la guerra como una causa moral, no solo geopolítica.
La intervención de Vance se produce en un momento donde la diplomacia está rota. Irán cortó las comunicaciones directas con Estados Unidos horas antes del ultimátum de Trump. Los bombardeos a la isla de Kharg ya comenzaron. El estrecho de Ormuz sigue cerrado.
La frase “país normal” es cargada de significado. Implica que Irán, en su estado actual, es anormal. Para Vance, la normalidad significa integrarse al sistema mundial de comercio, dejar de financiar el terrorismo y no aterrorizar a sus vecinos, incluidos los árabes.
La advertencia económica es un intento de presionar a Teherán. Las sanciones ya han afectado gravemente la economía iraní. Vance sugiere que pueden endurecerse aún más. La amenaza de un daño “mucho mayor” incluye probablemente la destrucción de más infraestructura petrolera y logística.
El elemento más crítico de la declaración de Vance es la certeza con la que afirma que los objetivos militares de EE.UU. se han cumplido. No dice que la guerra haya terminado, sino que lo que Washington se propuso lograr en el campo de batalla ya está hecho. ¿Significa eso que la fase militar activa está cerca de concluir? ¿O que los próximos pasos serán principalmente económicos y diplomáticos?
La referencia a que Irán puede causar daño económico “a través del estrecho de Ormuz” es un reconocimiento de que Teherán tiene capacidad de represalia. Pero Vance minimiza esa capacidad al contrastarla con el poder de Washington.
La mención religiosa añade una capa de complejidad. Vance, que ya había dicho que los ovnis son demonios, ahora invoca a Dios para justificar la guerra. Es una retórica que busca movilizar a la base conservadora estadounidense.
Vance dijo que Irán tiene dos caminos. El primero: ser un país normal, integrarse al comercio mundial, dejar el terrorismo. El segundo: seguir como están y enfrentar una crisis económica mucho peor. Advirtió que EE.UU. ya cumplió sus objetivos militares y que puede infligir un daño mucho mayor que el que Irán pueda causar. “Espero que sean inteligentes”, concluyó. La guerra continúa. La diplomacia está rota. Y la pelota está en el tejado de Teherán.
