La presidenta admite la vulnerabilidad crítica del país ante heladas extranjeras y precios externos, mientras lanza un plan mixto que frena el fracking pero no cierra la puerta al gas.
El número es un disparo de advertencia: 75. Ese es el porcentaje de gas natural que México no produce. Viene de fuera. Mayormente de Estados Unidos. La presidenta Claudia Sheinbaum lo puso sobre la mesa este miércoles. Y no fue un dato menor. Fue un diagnóstico de fragilidad nacional.
—Si seguimos así, cada vez vamos a importar más —advirtió.
No es un escenario hipotético. Ya ocurrió. Heladas en territorio estadounidense hicieron saltar el precio del gas. México pagó la factura. Por eso la mandataria habla ahora de soberanía energética como pieza fundamental del plan. No como eslogan. Como blindaje.
El modelo que viene es mixto. El gas natural seguirá siendo la base de la generación eléctrica. Por eficiencia. Por operación continua. Pero no será el único piso. Sheinbaum ordenó acelerar lo limpio: solar, viento, geotermia, renovables. Y eficientar la hidráulica.
Pero hay una cuerda floja. La presidenta no descarta el gas nacional. Ni convencional ni no convencional. Eso incluye lo que otros países hicieron con fracking tradicional. Ella dice: no repetiremos ese modelo. Pero tampoco cierra la puerta a evaluar.
Por eso nace un comité técnico-científico. La UNAM, el IPN, centros de investigación. Ellos decidirán si se puede explotar gas no convencional en México con menos daño ambiental. Agua no potable o tratada. Reciclaje de hasta el 80% de líquidos. Tecnologías menos agresivas.
—Sería muy irresponsable decir: seguimos importando y no vemos otra alternativa —sentenció.
El punto de tensión llegó con BlackRock. Versiones la vinculaban con un supuesto impulso al fracking tras reuniones con el fondo. Sheinbaum lo desmintió con una frase corta: “Es que da risa”. No hay acuerdos. Solo diálogo con actores económicos para conocer su visión.
El objetivo final no es exportar. No repetir modelos del pasado. La prioridad es consumo interno: generación eléctrica, petroquímica, fertilizantes. Equilibrar transición energética con suministro seguro. En un mundo incierto, México elige no seguir importando el 75% de su riesgo.
