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“No somos Peña”: el zarpazo de Sheinbaum que entierra el petróleo para multinacionales

Cuauhtémoc, Ciudad de México. 15 de abril 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: Luz Elena González Escobar, secretaria de Energía; Víctor Rodríguez Padilla, director de Petróleos Mexicanos (PEMEX); Rosaura Ruiz Gutiérrez, Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación; Leonardo Lomelí Vanegas; Rector de la U.N.A.M.; Arturo Reyes-Sandoval; Director general de Instituto Politécnico Nacional; Gustavo Pacheco López, rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM); Patricia Guadalupe Herrera; directora del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua; Erick Emanuel Luna Rojero, encargado de la Dirección de Investigación del Instituto Mexicano del Petróleo; Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); Cuitláhuac García Jiménez, director General del CENAGAS; Foto: Juan Carlos Buenrostro/Presidencia

La presidenta desmintió con furia a un reportero y cerró la puerta a cualquier prioridad extranjera, mientras admite que Pemex podría necesitar tecnología foránea.

No fue una aclaración. Fue un cachetón institucional.

Claudia Sheinbaum partió al medio la sugerencia de que su gobierno estaría abriendo el sector petrolero a empresas transnacionales. “¿Quién ha dicho eso?”, respondió, con el ceño fruncido, durante la conferencia matutina. La pregunta del periodista —que insinuaba una supuesta autorización a firmas extranjeras para explotar yacimientos— chocó contra una negativa sin dobleces.

La mandataria no solo desmintió. Fue a los nombres propios: “No somos Calderón, no somos Peña”. Dos apellidos que, en su relato, simbolizan la entrega del hidrocarburo a capitales externos durante las etapas de apertura neoliberal. La actual jefa del Ejecutivo elevó el tono. Cada palabra, un ladrillo en un muro soberanista.

El origen del choque: un reportero que la cuestionó por presuntas concesiones veladas a compañías foráneas. Sheinbaum volteó la mesa. Dijo que todos los contratos firmados en su gestión —exceptuando los heredados de administraciones previas— han sido otorgados exclusivamente a empresas nacionales, muchas de ellas con trayectoria larga dentro de Pemex.

Pero aquí aparece la arista técnica, la que introduce un matiz incómodo. La presidenta reconoció que existen firmas extranjeras con tecnología de punta que Pemex podría necesitar para la extracción en pozos complejos. La concesión es verbal, pero el límite es férreo: “Eso no significa que los recursos naturales vayan a ser entregados a multinacionales”.

El momento de máxima tensión llegó cuando Sheinbaum calificó de “incoherente” la sola idea de que su movimiento —nacido en la defensa de la nacionalización del petróleo y la autodeterminación energética— terminara entregando el subsuelo a manos foráneas. “¿Cómo creen que nosotros, que hemos luchado tanto, vamos a entregar el petróleo a las empresas transnacionales?”, disparó.

Y el cierre, demoledor: “Nosotros no vamos a entregar nuestros recursos naturales al extranjero ¿Cómo creen? Si es la esencia de la Transformación”. Frase corta. Sin margen. Sin pie a réplica.

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