La mandataria mexicana respaldó a Pedro Sánchez y rompió el discurso de la “libertad” de Milei y Salinas Pliego: solo sirve a las élites.
El odio. La discriminación. El clasismo. El racismo. La represión. Cinco palabras. Un solo disparo. Claudia Sheinbaum no midió términos este jueves: puso a la derecha en el banquillo y le dijo, sin filtros, sus verdades.
Fue durante la conferencia matutina. La Presidenta tomó distancia de cualquier ambigüedad. Respaldó primero al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien días atrás, en la Cumbre de Barcelona, sentenció que el tiempo de las derechas y ultraderechas se ha agotado. “No paran de gritar porque saben que ya no influyen”, había dicho Sánchez.
Pero Sheinbaum fue más allá. No repitió. Escarbó. Y entonces llegó la andanada: definió a la derecha no como una opción política, sino como una cadena de exclusión. “La derecha es el odio, la derecha es la discriminación, la derecha es el clasismo, el racismo, la derecha es la represión”, sentenció.
El momento de máxima tensión llegó al desmontar la bandera favorita del conservadurismo: la libertad. La mandataria apuntó directamente a dos figuras: el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego y el presidente argentino Javier Milei. Ambos, dijo, predican libertad, pero solo para unos cuantos. “Supuestamente hablan de libertad –afirmó–, pero es la libertad de unos cuantos frente al abandono de muchos.”
Fue entonces cuando trazó la línea divisoria. Del otro lado –dijo Sheinbaum– está el amor, la solidaridad, la fraternidad, la inclusión. Y lanzó la máxima de su gobierno: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Frente a la libertad abstracta de la derecha, ella propuso una concreto: libertad con bienestar. Sin salud, sin vivienda, sin educación garantizada, no hay libertad real. Para los gobiernos de derecha, todo eso es mercancía. Para ella, derechos.
El cierre fue una declaración de poder. “Si hay diferencia –concluyó–, y afortunadamente aquí en México tienen una gran aceptación los gobiernos de la transformación.” Un mensaje claro: el modelo de la derecha no vende en el país.
