Mientras Tokio enfrenta escasez por el cierre de Ormuz, ambas naciones blindan alianzas comerciales previas al Mundial de fútbol
La falta de crudo que atraviesa Japón por el bloqueo del Estrecho de Ormuz detonó una solicitud urgente a Pemex: exportar el excedente mexicano no procesado en refinerías nacionales.
En una llamada del 20 de abril, Claudia Sheinbaum y Sanae Takaichi trazaron una hoja de ruta para intensificar vínculos en inversión, comercio y cooperación estratégica. La mandataria mexicana aseguró que las compañías niponas operan con certeza jurídica en territorio nacional.
Más de mil seiscientas firmas japonesas ya tienen presencia en suelo azteca, generando aproximadamente trescientos cincuenta mil puestos de trabajo formales. Este tejido empresarial constituye un pilar fundamental para la economía bilateral. La Agencia de Cooperación de Japón ha financiado proyectos ambientales en la capital mexicana, desde reforestación hasta saneamiento fluvial y combate a la polución atmosférica.
El núcleo delicado: la petición energética de Tokio. Sheinbaum confirmó que el gobierno nipón solicitó acceso al crudo excedentario, una medida que responde a la coyuntura geopolítica en Medio Oriente. Takaichi, a su vez, planteó elevar la asociación a “socios globales estratégicos” mediante un marco de diálogo que incluya seguridad económica, aprovechando la riqueza mineral de México.
Con el Mundial de fútbol en el horizonte y canales diplomáticos activos vía embajadas, la alianza México-Japón se perfila como un eje de estabilidad en un tablero internacional marcado por la incertidumbre energética y comercial.
