La Presidenta les recomendó a PRI, PAN y MC dejar el odio y las críticas destructivas; les recordó que el insulto no frena a la 4T ni suma votos.
“Relájense”. Una sola palabra. Un diagnóstico quirúrgico.
Claudia Sheinbaum no lanzó un discurso. Dio una cátedra. Y de paso, enterró a la oposición sin necesidad de golpes retóricos aparatosos. Fue durante la conferencia matutina. La mandataria federal dedicó varios minutos a mirar de frente al bloque conformado por PRI, PAN, MC y sus comentócratas. El veredicto: viven atrapados en el mal humor.
La escena tuvo algo de devolución histórica. La Presidenta recordó cómo la derecha intentó –durante años, incluso antes de que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia– descarrilarlo con mentiras y campañas de desprestigio. Nunca pudieron. Y mientras ellos se consumían en el ataque, el tabasqueño se mantenía “relajado, relajado, relajado”. Tres veces. Como un mantra.
Ahí estuvo el punto de tensión. Sheinbaum no solo dio un consejo. Señaló una mecánica de autodestrucción: “El odio no los va a llevar a ningún lado –expresó–, los va a alejar más del pueblo”. Y luego el corte final: esa no es una táctica. Es su identidad. “Ellos es su característica, es el odio”, sentenció.
La mandataria fue más allá del análisis psicológico. Entró en el terreno del cálculo político. La oposición cree, dijo, que la crítica destructiva les reditúa votos. Error. “Miren nada más dónde andan en las encuestas”, espetó. Las cifras recientes, recordó, muestran a la mayoría del pueblo alineada con la 4T.
El cierre fue demoledor en su simpleza: no importa cuánto griten, cuánto inventen, cuánto odien. Eso no garantiza ni un voto más. Solo más distancia.
