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La factura de la guerra: El Pentágono admite un gasto de 25 mil millones de dólares en Irán

Por primera vez, el gobierno federal le pone precio a un conflicto que ha vaciado los polvorines de munición y disparado el costo de la vida en Estados Unidos.

El silencio financiero sobre la intervención en Oriente Medio se rompió este miércoles en el Capitolio. En una revelación que sacudió al Comité de Servicios Armados, Jules Hurst, contralor en funciones del Pentágono, admitió que la guerra contra Irán ya le ha costado al erario público la cifra de 25 mil millones de dólares. Se trata de la primera estimación oficial desde que los ataques comenzaron el pasado 28 de febrero, marcando un punto de inflexión en la narrativa de transparencia de la administración actual.

El informe detalla que el grueso del capital se ha evaporado en la reposición de armamento y municiones, un dato que subraya la intensidad de una campaña que hoy se sostiene bajo un frágil cese al fuego. Sin embargo, la cifra de Hurst dejó lagunas críticas: el contralor no pudo precisar si el monto contempla la reconstrucción de las bases estadounidenses que quedaron reducidas a escombros tras los embates en la región. Ante esta confesión, el demócrata Adam Smith fustigó la opacidad previa, celebrando que, tras meses de evasivas, el Pentágono finalmente “pusiera un número” sobre la mesa.

Pero el costo no es solo monetario. La guerra ha cobrado la vida de trece soldados estadounidenses y ha dejado a cientos con heridas de combate. Mientras tanto, en casa, el impacto llega directo al bolsillo de los ciudadanos. El despliegue de tres portaaviones y decenas de miles de tropas ha coincidido con un alza estrepitosa en la gasolina y los fertilizantes, consecuencia directa del bloqueo en los flujos de gas y petróleo.

A seis meses de las elecciones legislativas, esta factura de 25 mil millones de dólares se convierte en el lastre principal para Donald Trump. Con una popularidad en declive y una oposición demócrata que capitaliza el descontento por el alto costo de la vida, el gobierno enfrenta su batalla más dura: justificar el precio de una guerra que, según las encuestas, el pueblo estadounidense ya no quiere pagar.

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