El Gobierno Federal oficializa una alianza estratégica con el sector privado para cerrar el paso a las importaciones y convertir la obra pública en el motor de la siderurgia mexicana.
La administración de Claudia Sheinbaum ha lanzado una apuesta definitiva por la autonomía productiva. Bajo el sello del “Plan México”, se ha formalizado un convenio sin precedentes que obliga al aparato gubernamental a mirar hacia adentro antes de comprar afuera. Este acuerdo histórico para el fomento de la industria siderúrgica nacional no es solo un protocolo; es un mandato operativo que coloca al acero mexicano como la columna vertebral de cada puente, vía férrea y complejo energético del país.
La estrategia es clara: utilizar el músculo financiero del Estado para revitalizar las plantas nacionales. Instituciones de la talla de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ya tienen la instrucción de integrar exclusivamente acero con sello de origen en sus proyectos de gran escala. Para garantizar que esta transición no sea solo de palabra, la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno, liderada por Raquel Buenrostro, mantendrá una vigilancia estricta sobre cada contrato, mientras que Marcelo Ebrard, desde Economía, coordinará la sustitución de importaciones.
El plan se sostiene sobre un trípode de acción inmediata: una política de compras gubernamentales preferenciales, el respaldo financiero de la banca de desarrollo y un impulso masivo a la edificación de vivienda. No se trata solo de construir, sino de asegurar que la riqueza se quede en la cadena de valor local. En respuesta, el sector empresarial ha firmado compromisos de eficiencia, prometiendo precios competitivos y un suministro que no detenga el ritmo de las obras.
Con la suma de 19 entidades públicas y las tres cámaras más influyentes del ramo, México intenta blindarse contra las prácticas de comercio desleal que han golpeado al sector en el pasado. Este movimiento busca no solo proteger los empleos actuales, sino atraer inversiones que consoliden al país como una potencia industrial autosuficiente, donde el acero propio sea el cimiento del desarrollo futuro.
