Líderes de las principales centrales obreras, incluyendo a la CTM y el Sindicato Minero, cierran filas con la Presidenta ante las presiones externas, elevando el trabajo a rango de defensa patriótica.
En una conmemoración del Día del Trabajo que trascendió las demandas gremiales para convertirse en un acto de reafirmación soberana, la plana mayor del sindicalismo mexicano selló un pacto de lealtad con la Presidenta Claudia Sheinbaum. El mensaje fue unánime: la clase obrera no solo mueve la economía, sino que se posiciona como el primer muro de contención contra cualquier intento de injerencia extranjera o desestabilización interna.
Napoleón Gómez Urrutia, líder del Sindicato Minero, marcó la pauta con un discurso cargado de mística nacionalista. Al definir a los trabajadores como quienes “permanecen de pie defendiendo a la nación” cuando los capitales huyen ante la adversidad, Gómez Urrutia posicionó al sector obrero como el aliado estratégico ineludible de la Cuarta Transformación. Su sentencia fue clara: no hay proyecto nacional serio que camine de espaldas a quienes generan el valor del país, advirtiendo que el trabajador organizado es la clave para superar los retos que “amenazan desde el exterior e interior”.
La sorpresa política de la jornada la encabezó Tereso Medina, dirigente de la CTM. En un movimiento que marca un distanciamiento definitivo con el pasado priista de la central, Medina reconoció a Sheinbaum como una presidenta “respetada y querida”, atribuyendo a su gestión y a la de su antecesor logros históricos como el aumento salarial superior al 150%, la eliminación del outsourcing y la reforma a las pensiones. El aplauso más sonoro de la mañana se lo llevó el compromiso por la reducción gradual de la jornada laboral, un tema que la CTM abrazó como bandera de unidad al lado de la mandataria.
Por su parte, María de Jesús Rodríguez (CAT) y Alfonso Zepeda (SNTE) completaron el cuadro de apoyo total en política exterior. Rodríguez llegó a citar el Himno Nacional para asegurar que la patria tiene “un soldado en cada hijo” dispuesto a defender la soberanía, mientras aprovechaba la cercanía para proponer una reforma fiscal que exente de impuestos al aguinaldo y las utilidades. Con este respaldo multitudinario, Sheinbaum no solo celebró el trabajo, sino que consolidó un bloque de unidad nacional que vincula la justicia laboral con la independencia de la nación.
