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Sheinbaum rompe el silencio: los consulados mexicanos no son arma política contra Trump

En medio de una revisión impulsada por Washington sobre las 53 oficinas consulares de México en territorio estadounidense, la mandataria mexicana sale al paso con una defensa contundente de sus funciones diplomáticas.

Cincuenta y tres consulados bajo la lupa del Departamento de Estado. Esa es la magnitud de la controversia que obligó a Claudia Sheinbaum a tomar la palabra este viernes con una postura sin ambigüedades: la red consular de su país no opera como aparato de interferencia política en suelo norteamericano.

La mecha la encendió CBS. El jueves, el medio difundió que la administración estadounidense había puesto en marcha una “revisión” sobre cada una de las representaciones diplomáticas mexicanas diseminadas por el país, con el cierre de algunas de ellas como posibilidad abierta. La respuesta de la presidenta llegó horas después, en su conferencia matutina.

“Es completamente falso”, afirmó sin rodeos. La función de esas oficinas, argumentó, se reduce a dos ejes: sostener la relación bilateral y proteger a los connacionales que habitan en ese país. Nada más, nada menos.

El argumento tomó cuerpo cuando describió el tipo de asistencia que prestan esas representaciones: desde trámites administrativos hasta la cobertura legal de migrantes atrapados en una redada. “Tienen la obligación de darles protección, de darles un abogado, de apoyarles”, subrayó. Una tarea humanitaria, no política.

La mandataria fue más lejos. Invocó la Constitución mexicana y el principio de autodeterminación de los pueblos para explicar por qué su gobierno no tiene incentivos ni disposición para intervenir en los asuntos internos del vecino del norte. “Nosotros no tenemos por qué influir en la política de EE.UU. desde México”, sentenció, y añadió que lo que sí hacen es defender a sus ciudadanos más allá de las fronteras.

Sobre la revisión anunciada por CBS, Sheinbaum declaró desconocer los detalles, pero lanzó una valoración de fondo: “No tendría por qué ser”, argumentando que el comportamiento de sus consulados ha sido escrupulosamente respetuoso con la política del país anfitrión.

El contexto en que emerge esta disputa no es menor. La relación entre México y Estados Unidos atraviesa un momento de tensión acumulada. Días atrás, la muerte de dos agentes de la CIA en territorio mexicano —participantes de un operativo no notificado al gobierno de Sheinbaum— generó un reclamo formal desde Ciudad de México. La administración Trump ni explicó ni se disculpó. Poco después, Washington sorprendió con una solicitud de extradición de funcionarios y exfuncionarios mexicanos por vínculos presuntos con el narcotráfico, al menos tres de ellos pertenecientes al partido de la presidenta.

La revisión consular llega, entonces, en un escenario donde la fricción entre los dos países se ha intensificado en cuestión de días. Sheinbaum lo sabe. Por eso el desmentido fue tan directo: “No es que los consulados realicen algún tipo de política en EE.UU., en contra del Gobierno o de cualquier situación”.

La disputa diplomática está abierta. Y el próximo movimiento parece estar del lado de Washington.

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