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Seis días sin comida: la huelga de hambre que estremece al ICE

300 detenidos en Newark exigen mejoras; legisladores demócratas denuncian “injusticia” tras ingresar al centro, mientras Trump defiende las instalaciones y un secretario minimiza: “No es el Holiday Inn”.

No comen desde el viernes. Son seis días. Alrededor de 300 inmigrantes detenidos en el centro Delaney Hall, en Newark, Nueva Jersey, mantienen una huelga de hambre que ya se convirtió en un símbolo de resistencia. Afuera, decenas de agentes del ICE con uniformes verdes y rostros cubiertos custodian el perímetro. Adentro, la desesperación crece.

El recinto es el mayor centro de detención migratoria de la costa este. Capacidad: mil 196 personas. Sus muros tienen ventanas con rejas, alambre de púas y vigilancia permanente. Pero lo que ocurre en su interior solo se conoce por cartas y testimonios filtrados. Los detenidos firmaron un documento inicial para anunciar la protesta. Luego, difundieron otra misiva describiendo las condiciones y reiterando demandas. No han recibido respuestas satisfactorias.

Afuera, el polvo no cesa. Manifestantes, familiares y activistas instalaron carpas improvisadas para brindar asistencia médica y apoyo. Las pancartas dicen: “Acabar con ICE”, “No somos criminales” y “Amamos a los inmigrantes”. Pero la tensión ha escalado. Se registraron enfrentamientos entre agentes federales y quienes respaldan la protesta. Activistas denuncian bastones, gas pimienta y violencia física contra familiares de detenidos, incluidos enfermos, embarazadas y jóvenes.

La política no tardó en llegar. El presidente Donald Trump, durante una reunión de gabinete, defendió los centros: “Administramos las mejores instalaciones de este tipo en el mundo”, aseguró, y calificó a algunos detenidos como “asesinos horribles”. Su secretario de Seguridad Interna, Markwayne Mullin, fue más lejos: minimizó la huelga diciendo que son “solo un puñado de individuos que se rehúsan a comer” porque “desean su comida étnica”. Y remató: “Este no es el Holiday Inn. Pueden regresar a sus países y tener los alimentos que quieran”.

Más tarde, Mullin escribió en X que “no existe una huelga de hambre” y negó condiciones inferiores, responsabilizando a los manifestantes por la violencia.

Sin embargo, legisladores demócratas que lograron ingresar al centro ofrecieron un relato opuesto. El congresista Adriano Espaillat, quien llegó a Estados Unidos como inmigrante indocumentado, visitó las instalaciones este miércoles y sentenció: “Esta es una injusticia. Yo pude ser uno de ellos. Ahora mi responsabilidad es representarlos”. Exigió el cierre del centro.

También ingresaron Jerry Nadler y Dan Goldman. “Si eres humano, si eres estadounidense, no puedes apoyar lo que sucede aquí”, lamentó Goldman. Denunciaron graves carencias. La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, intentó acceder el lunes pero se lo negaron. El senador Andy Kim fue rociado con gas pimienta en los altercados.

El centro es operado por Geo Group, una empresa privada de prisiones con múltiples denuncias por condiciones inhumanas. La coalición Detention Watch Network reportó que al menos 20 detenidos en Adelanto, California, también iniciaron una huelga similar. Y un dato escalofriante: 49 personas han muerto en centros migratorios durante la actual administración.

La noche del miércoles, las protestas continuaron. Barricadas improvisadas, operativos antidisturbios, familiares y abogados aseguraron que la huelga sigue activa. Seis días. Y no hay señales de que vayan a ceder.

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