El centro Delaney Hall reabre acceso familiar tras protestas; la gobernadora Sherrill exige medicamentos, frenar deportaciones forzadas y eventual cierre.
La presión funcionó. Después de días de protestas, enfrentamientos y una huelga de hambre de unos 300 migrantes, el Departamento de Seguridad Nacional y el estado de Nueva Jersey llegaron a un acuerdo. Este 31 de mayo, las visitas familiares en el centro de detención Delaney Hall, en Newark, serán reanudadas. La gobernadora Mikie Sherrill lo anunció: a partir del mediodía, visitas limitadas. Mañana, los horarios regulares serán restaurados.
El centro había suspendido el acceso familiar tras las protestas en sus inmediaciones. Ahora, las familias podrán ingresar, pero acompañadas por “fuerzas del orden”. Sherrill explicó que la presencia de actores externos dificulta que el proceso se desarrolle de manera segura. No es una apertura plena. Es una concesión controlada.
La gobernadora no se limitó a anunciar la reanudación de visitas. Aprovechó para renovar sus exigencias al DHS: garantizar atención médica y medicamentos adecuados a todos los detenidos, detener las presiones para firmar documentos de deportación, transparentar la información sobre quiénes permanecen retenidos y, eventualmente, proceder al cierre del centro de detención. La lista no es menor. Es un pliego petitorio completo.
El telón de fondo es una crisis humanitaria. Cerca de 300 inmigrantes recluidos en Delaney Hall iniciaron una huelga de hambre para denunciar condiciones inhumanas. La protesta escaló. El pasado 30 de mayo, una manifestación frente al centro derivó en enfrentamientos entre agentes migratorios y manifestantes. El alcalde de Newark, Ras Baraka, decretó un toque de queda en la ciudad. “Las personas que incumplan este toque de queda serán objeto de medidas coercitivas”, advirtió. Primero una advertencia, luego expulsión, citaciones y otras medidas legales.
Sherrill llamó a “todos los que comparten estos objetivos” a continuar trabajando en conjunto para reducir la tensión y protestar pacíficamente. Su advertencia fue clara: el caos no solo pone en peligro vidas, sino que podría otorgar al ICE una justificación para intervenir en las comunidades. Es decir, la represión podría amplificarse si la protesta se desborda.
El acuerdo de reanudar visitas es un primer paso. Pero las demandas de fondo siguen sobre la mesa. Los migrantes en huelga de hambre no han cesado su protesta. La gobernadora insiste en el cierre del centro. Y el gobierno de Trump, por ahora, solo ha cedido en el acceso familiar. La tensión en Newark no ha terminado. Solo cambió de fase.
