Un esquema de evasión arancelaria mediante la importación fraccionada de neumáticos y motocicletas permitió a un magnate de la televisión reducir ilegalmente su carga tributaria. Esta maniobra, calificada como un fraude fiscal, salió a la luz pública durante la matutina presidencial, destapando las prácticas oscuras del sector empresarial.
La revelación surgió como respuesta a las declaraciones del dueño de Italika, quien utilizó su red social favorita para menospreciar el recién presentado prototipo eléctrico nacional, argumentando superioridad comercial. Lejos de ignorar el ataque, la primera mandataria desmenuzó los ilícitos del empresario, transformando una crítica comercial en una auditoría pública de sus finanzas.
El núcleo de la confrontación radica en el origen de los productos. Mientras el nuevo vehículo criollo es obra de cerebros mexicanos, las motocicletas del magnate son traídas del extranjero, ya sea completamente armadas o en piezas para su ensamblaje local. Precisamente en esta importación de componentes residía su truco: al ingresar las llantas desprendidas del chasis, el empresario pagaba tarifas aduaneras mínimas, un ardid que la presidenta exhibió sin miramientos como una forma de hacer trampa al fisco.
Pero el cuestionamiento no se limitó al comercio internacional. La titular del Ejecutivo federal advirtió que cualquier señalamiento proveniente del sector empresarial será respondido con la misma moneda, exponiendo la cara oculta de sus modelos de negocio. Detalló los métodos coercitivos que utilizan sus cadenas comerciales para exigir pagos a consumidores que caen en morosidad, evidenciando un trato asfixiante hacia la ciudadanía cuando no pueden cubrir sus compras.
Al final, la mandataria sentenció que la animadversión del empresario hacia la administración actual tiene un origen muy específico: la furia contenida por haber sido obligado a liquidar los adeudos fiscales que mantenía ocultos, dejando claro que su oposición es puramente personal y no comercial.
