La estabilización del costo de vida atrae capitales globales mientras el gobierno blinda proyectos estratégicos con una oficina presidencial única en el continente.
Los números rojos en los recibos de gasolina y la canasta básica comenzaron a desaparecer. El índice anual de precios al consumidor se ubicó en tres punto noventa y cuatro por ciento, una cifra que rompe la barrera psicológica del cuatro por ciento y marca el ritmo más bajo en meses.
Desde la tribuna matutina, la jefa del Ejecutivo federal atribuyó este descenso a una estrategia de tres frentes: el congelamiento de hidrocarburos, la reactivación del programa anticarestía y los pactos con productores agrícolas. Los jitomateros, por ejemplo, aceptaron mantener sus precios tras semanas de negociación intensa.
Pero el verdadero termómetro del éxito económico no está en los supermercados, sino en las salas de juntas corporativas. La mandataria reveló que la certidumbre jurídica ha detonado una ola de interés inversionista desde Estados Unidos, Europa y Asia. Las empresas ya no solo observan: firman contratos.
Para capitalizar este momento, el gobierno federal potenció una oficina presidencial dedicada exclusivamente a acelerar proyectos estratégicos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, destacó que México es una de las pocas naciones con una instancia de este nivel, diseñada para eliminar trámites burocráticos y acompañar a los inversionistas desde el primer día.
El segundo semestre se perfila como una ventana de oportunidad histórica. Con la inflación controlada y los capitales fluyendo hacia territorios nacionales, la administración federal apuesta por consolidar un modelo donde la estabilidad de precios se traduce en empleos y desarrollo regional.
