La mandataria presentó una encuesta y subrayó el respaldo mayoritario; advirtió que las campañas conservadoras no han logrado mermar su popularidad.
El dato más contundente quedó proyectado en la sala: siete de cada diez ciudadanos respaldan al gobierno, según la medición que mostró la propia presidenta en su conferencia matutina. Ese número, dijo, no solo confirma apoyo, sino que la coloca un punto por encima del exmandatario en el mismo sondeo.
El informe difundido en la conferencia plantea además un mapa de identificación partidista claro: Morena lidera con casi la mitad de las preferencias expresadas, mientras que el PRI aparece como el inmediato seguidor con poco más de una décima parte, superando al PAN, que quedó rezagado. La presidenta celebró ese desplazamiento con notorio tono de triunfo.
En su intervención combinó tono festivo y confrontación. Reprodujo el resultado numérico y lo acompañó con comentarios dirigidos a quienes, según ella, han impulsado campañas de desprestigio desde la derecha. Afirmó que, a pesar de esas estrategias y recursos destinados a socavar su gestión, la percepción ciudadana se mantiene estable y favorable.
El segmento más punzante llegó cuando resaltó el “victoria” simbólica contra el exmandatario: se permitió reír al señalar la ventaja mínima de un punto, aunque destacó el significado político del dato. Luego volvió la mirada hacia la dinámica partidista: la distancia entre Morena y sus perseguidores, y la recuperación relativa del PRI frente al PAN.
La arista crítica fue directa: consideró que quienes apuestan por el fracaso del país —y por extensión por el descrédito de su administración— están destinados al fracaso electoral y social. Con ese argumento cerró su intervención, proyectando una lectura de resiliencia política y convicción en la fuerza de las cifras.
El mensaje final fue una mezcla de triunfo y advertencia: la presidenta arroja números y apunta a que, por ahora, la estrategia opositora no ha cambiado el pulso ciudadano. El dato queda ahí, en pantalla, y con él la idea de que la contienda política sigue su curso con ritmos y balances nuevos.
