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Julio define la ruta del T-MEC: 16 años automáticos o 10 con revisiones

La revisión formal arranca el 1 de julio con videomensaje y definirá el esquema, mientras crecen los choques por aranceles, origen y seguridad.

El 1 de julio no será un cierre: será el momento en que México, Estados Unidos y Canadá decidan qué modelo seguirá al T-MEC. Ese día, tras la segunda ronda de conversaciones en Washington con autoridades estadounidenses, Marcelo Ebrard ubicó la fecha como el inicio de la revisión oficial del tratado y el arranque del acuerdo sobre el mecanismo que guiará la etapa siguiente.

Desde la capital estadounidense, el secretario de Economía explicó que la reunión prevista para esa fecha funciona como punto de partida. En concreto, habrá un encuentro virtual entre los tres socios para que cada país exponga su postura sobre el futuro del acuerdo que rige el intercambio de bienes y servicios en Norteamérica. México presentará su visión y sus contrapartes harán lo propio sobre “qué sigue” con el tratado.

Ebrard subrayó que el marco contempla trayectorias distintas para sostener su continuidad. En la mesa aparecen alternativas que van desde una extensión automática por 16 años hasta la posibilidad de mantener el T-MEC durante 10 años, con revisiones periódicas. La discusión, dijo, se centrará en decidir cuál de esos escenarios se adoptará en común.

Mientras se acerca la fecha, en Washington también se movieron piezas en negociación. En un comunicado conjunto, la Representación Comercial de EU (USTR) y la Secretaría de Economía informaron que los equipos avanzaron en conversaciones sobre reglas de origen para ciertos productos industriales y en seguridad económica. Además, iniciaron pláticas conceptuales en temas agrícolas, laborales y ambientales. El documento conjunto también hizo referencia a comercio de acero, aluminio y automóviles, áreas que concentran atención por su peso estratégico.

La meta declarada por ambos gobiernos es asegurar que el T-MEC siga beneficiando a las economías de Estados Unidos y México, y que las ventajas recaigan, sobre todo, en los socios de la región. En paralelo, se acordó impulsar la creación de un comité para revisar la implementación del Capítulo 12 del T-MEC, referido a anexos sectoriales, con el fin de reforzar la compatibilidad regulatoria entre los países.

La cuenta regresiva ya tiene lecturas dentro del sector. Para Emilio Arteaga, socio de Comercio Exterior de Vázquez Tercero & Zepeda, el 1 de julio será el día en que EU anuncie públicamente y de forma formal qué revisiones buscará en este contexto. A su juicio, Washington ya identifica temas a modificar para respaldar una eventual extensión del acuerdo: reglas de origen, mecanismos de revisión en inversiones vinculadas con seguridad nacional y asuntos del comercio agrícola.

En la misma línea, Turenna Ramírez, socia de Comercio Exterior de Holland & Knight, destacó un objetivo prioritario para México: intentar revertir o reducir los aranceles impulsados por Trump que EU mantiene sobre sectores estratégicos, especialmente acero, aluminio y automotriz. Para Ramírez, también será central el debate sobre reglas de origen, sobre todo en industrias como semiconductores y automotriz, donde Estados Unidos busca elevar la integración productiva regional y disminuir la dependencia de proveedores asiáticos.

El conflicto de fondo, según la especialista, no desaparece: “el gran elefante blanco en la mesa sigue siendo China” y la forma en que se construye una región de América del Norte más sólida. Además, señaló que la revisión pondrá bajo escrutinio energía, mecanismos laborales de respuesta rápida y certeza jurídica para la inversión extranjera. Esos factores, dijo, pueden inclinar la postura negociadora de México.

El riesgo, en términos políticos y técnicos, es evidente. Ramírez sostuvo que el reto del gobierno mexicano será balancear ambos planos para evitar que Estados Unidos decida no respaldar una extensión automática de la vigencia. “Esperemos que no llegue a ese punto”, cerró, con la advertencia de que la estrategia debe ser muy cuidadosa para que la negociación no se fracture en el momento decisivo.

En síntesis, el 1 de julio marca el umbral de una elección de ruta: definir continuidad automática por 16 años o sostener el tratado con revisiones por 10, en un proceso que ya está cargado de aranceles, reglas de origen, seguridad económica y un horizonte de decisiones que se juegan en conjunto.

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