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Sheinbaum marca distancia: la Corte pasada no habría decidido así en ABC

La Presidenta celebró el fallo de la SCJN por no prescripción y dijo que ahora el tribunal escucha a víctimas, no a la inercia.

La decisión de la Suprema Corte en el caso Guardería ABC abrió una nueva etapa: delitos vinculados al incendio en Sonora no pueden prescribir. Pero el alcance del fallo no quedó solo en el expediente. Claudia Sheinbaum lo convirtió en un contraste directo con el pasado, al afirmar que el Pleno anterior no habría resuelto de la misma forma.

En su conferencia mañanera, la Presidenta habló como si el punto central fuera la diferencia entre sensibilidades. Sostuvo que con la Corte anterior “no” se habría tomado la determinación que hizo la Corte actual. La explicación no giró alrededor de tecnicismos, sino de criterios humanos y políticos: ministras y ministros elegidos por el pueblo, con una “visión distinta”.

Esa línea argumental tomó fuerza cuando Sheinbaum calificó la resolución del presente como histórica. No lo presentó como un mero ajuste legal: lo describió como un cambio real en cómo opera el tribunal. Y ahí ubicó el elemento más delicado del caso: la consideración de lo que dicen las víctimas. Para Sheinbaum, el valor del fallo está en que incorpora el clamor de quienes padecieron los hechos, y no se queda en abstracto.

La SCJN determinó por unanimidad que los delitos relacionados con el incendio ocurrido en la Guardería ABC en Sonora no pueden prescribir. En el discurso oficial, esa conclusión tiene consecuencia inmediata: se abre el camino para seguir con la investigación y para sancionar a posibles responsables. Es decir, la resolución no solo cierra discusiones: también sostiene una ruta para avanzar.

Pero el mensaje de la Presidenta no se limitó a celebrar el “no prescribir”. Introdujo una pregunta que incomoda: si la Corte anterior no habría resuelto igual, ¿qué cambió? Su respuesta fue clara: la sensibilidad, el enfoque y la forma de ponderar la voz de víctimas. En ese marco, la mandataria subrayó que una nueva Corte tomó la determinación “que hace” esa resolución, y que lo hizo, además, escuchando lo que piden quienes fueron afectados.

El momento también incluyó urgencia institucional. Sheinbaum respondió a cuestionamientos sobre las implicaciones del fallo y anunció que se consultará a la fiscal. El objetivo no era especular, sino obtener información que pueda darse públicamente sobre qué significaría, en términos prácticos, la determinación de no prescripción y la solicitud original que la motivó.

La Presidenta conectó esa petición con el origen del caso en el terreno social: señaló que la resolución respondió a una solicitud de padres y madres de la Guardería ABC. Ahí se marcó otra tensión: la sentencia no nace únicamente del tribunal, sino del impulso de quienes exigen que el asunto no se apague por el paso del tiempo.

En la parte final, Sheinbaum dejó un compromiso de comunicación y de avance. Ordenó ir hacia la fiscal para que entregue más datos sobre “qué implicaciones tiene esta resolución”. Y, al hacerlo, cerró el círculo: la Corte resolvió que el delito no prescribiera; ahora, el siguiente paso depende de aterrizar el impacto en el trabajo de investigación y en la ruta de sanciones.

Así, la narrativa del gobierno queda dividida en dos capas: por un lado, la unanimidad de la SCJN que impide la prescripción y habilita continuar; por otro, la interpretación política y moral de la diferencia entre la Corte pasada y la actual. En el centro del relato está la consecuencia más contundente: si el tribunal escucha y si la sensibilidad cambia, el caso puede moverse otra vez. Y, para la Presidenta, eso es lo que convierte el fallo en un punto de quiebre.

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