La licencia permite producir y vender crudo hasta el 21 de agosto, mientras Vance dice que las “bases” para cerrar el pacto ya están puestas.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció una decisión que cambia el ritmo del conflicto: por 60 días, quedarán eximidas sanciones asociadas al petróleo iraní. No es un gesto menor ni una medida aislada. Es una señal operativa dentro de un proceso que busca, con urgencia creciente, poner fin a una guerra iniciada a finales de febrero por Estados Unidos e Israel.
La licencia abre la puerta a la producción, distribución y venta de petróleo iraní, con vigencia hasta el 21 de agosto. En el calendario, el mensaje es claro: el “acuerdo final” que se persigue no se está quedando en lo diplomático; empieza a tomar forma en decisiones concretas, con efecto inmediato.
El anuncio salió a la luz el lunes. Ese mismo día, el vicepresidente estadounidense JD Vance aseguró que sus conversaciones con altos funcionarios iraníes en Suiza dieron lugar a “bases muy buenas” para un desenlace exitoso. La frase buscó transmitir control y dirección: primero cimientos, luego estructura. Y, en paralelo, los negociadores se mueven hacia un acuerdo definitivo en un plazo de 60 días, prorrogable, para cerrar el conflicto de Oriente Medio “de forma definitiva”.
La reconstrucción del camino previo aumenta la tensión. Según lo informado, la semana pasada Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento que asentó el marco para las negociaciones, después de casi 40 días de ataques y de semanas de un alto al fuego que fue violado con frecuencia. El arranque del nuevo ciclo se ubicó el domingo en Suiza, donde las conversaciones continúan bajo un objetivo explícito: discutir cuestiones como el programa nuclear iraní y las sanciones internacionales contra Teherán.
Vance también utilizó un lenguaje diseñado para enmarcar la política exterior como construcción en fases. Dijo que el acuerdo final “es la casa”, y que aún no está edificada por completo, pero que ya se pusieron “cimientos sólidos” para llegar a un resultado favorable para el pueblo estadounidense. En esa lógica, la exención de sanciones al petróleo aparece como parte del mismo tablero: avanzar en negociación y, al mismo tiempo, alterar condiciones materiales.
Pero hay un punto de fricción que no pasa desapercibido: el componente nuclear. Vance afirmó que Irán aceptó el regreso al país de inspectores del OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica) como ejemplo de progreso. Lo describió como “un hito importante para el pueblo estadunidense” y lo enmarcó como primer paso hacia una “desnuclearización permanente”.
Teherán, sin embargo, no confirmó esa información. Además, el texto señala que hace un año suspendió su cooperación con esa agencia de la ONU y prohibió el acceso de inspectores a instalaciones nucleares clave bombardeadas durante la guerra de 12 días de 2025. El contraste entre lo que se anuncia en Washington y lo que no se valida desde Teherán eleva el riesgo interpretativo: el acuerdo puede avanzar, pero el núcleo del conflicto sigue siendo el más sensible.
Para rematar la incertidumbre, el portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, dijo que se produjo “una muy breve discusión” sobre el tema nuclear y que no se trataron detalles. También aseguró que las conversaciones sobre ese asunto no han comenzado. Es decir: la mesa puede estar puesta, pero el asunto más delicado —el nuclear— todavía no entra plenamente en conversación detallada, al menos según la versión iraní.
Así, la exención de sanciones por petróleo iraní durante 60 días hasta el 21 de agosto se convierte en el indicador más visible de una etapa que promete negociación acelerada, pero que mantiene interrogantes abiertos. El reloj marca 60 días: cimientos, correcciones, definiciones… y una pregunta central que no se resuelve con licencias, sino con lo que ocurra en lo nuclear y en el cierre real del conflicto.
