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Sheinbaum endurece el mensaje: EE. UU. debe detener armas y redes en su interior

Cuauhtémoc, Ciudad de México. 23 de junio 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: David Kershenobich, secretario de salud; Eduardo Clark, subsecretario de Integración y desarrollo del sector salud; Martí Batres Guadarrama, director general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE); Zoé Alejandro Robledo Aburto, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social; Alejandro Svarch Pérez, director general de IMSS-Bienestar. Foto: Juan Carlos Buenrostro/Presidencia

En reuniones bilaterales, la presidenta pide incautaciones contra organizaciones y lavado, y usa el caso Arizona como prueba de coordinación.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no dejó espacio para interpretaciones: en seguridad binacional, dijo, la cooperación no puede limitarse a mirar “hacia afuera”. El punto más urgente de su argumento fue directo—Estados Unidos debe concentrar acciones dentro de su territorio para cortar el tráfico de armas hacia México y desarticular a los grupos que operan también allá.

Durante sus encuentros con las autoridades estadunidenses, la mandataria aseguró que México ha planteado una agenda con dos frentes. Primero, que Washington cumpla su parte para detener las armas que salen hacia México. Segundo, que intensifique detenciones contra organizaciones delictivas que, según Sheinbaum, distribuyen droga dentro de Estados Unidos y participan en esquemas de lavado de dinero.

Sheinbaum enmarcó esa postura como un reclamo repetido “permanentemente” en reuniones bilaterales. Remarcó que el trabajo no es unidireccional: lo que ocurre del otro lado también debe traducirse en detenciones, y no solo en controles en frontera. En ese sentido, sostuvo que cuando se habla de armas, ya existen incautaciones por parte de distintas instituciones estadounidenses para impedir que el armamento cruce hacia México.

La mandataria no se quedó en el discurso general y aterrizó su explicación con un caso específico que colocó como ejemplo visible de coordinación. Señaló el decomiso en Arizona de 43 mil cartuchos y lo calificó como un “buen ejemplo” de comunicación. Incluso abrió una comparación temporal al plantear que habría que revisar cuántas incautaciones de armas y municiones existían en Estados Unidos antes de la llegada del presidente Donald Trump.

El mensaje se volvió todavía más exigente en el tramo donde Sheinbaum conectó la obligación recíproca. Afirmó que México ha insistido con una lógica de espejo: si el país, dijo, ayuda para que no llegue droga a Estados Unidos, entonces la contraparte debe trabajar para que no lleguen armas a México. A partir de esa premisa, la presidenta afirmó que ya han ocurrido “acciones importantes”.

Pero ahí no terminó la presión. Sheinbaum también describió lo que, según ella, hace el gobierno mexicano “todos los días”. Lo resumió en tareas que van desde la atención a las causas hasta la coordinación permanente para detener a presuntos delincuentes y a quienes —en su narrativa— funcionan como generadores de violencia. Es decir: el planteamiento no es pedir sin ofrecer, sino sostener que México opera en el terreno y que Washington debe responder con igual intensidad.

La parte más sensible del señalamiento llegó con el argumento de fondo sobre el origen del problema. Sheinbaum sostuvo que Estados Unidos “tiene que hacer su parte” porque hay armas que se compran allá y después pasan a México de manera ilegal. En el mismo nivel colocó otro componente: organizaciones delictivas que operan en territorio estadunidense.

Y para cerrar el razonamiento con una advertencia que busca impacto inmediato, la presidenta sostuvo que no sería posible explicar la cantidad de droga que se vende de forma ilegal en Estados Unidos si no existieran esas organizaciones operando en el país vecino.

En conjunto, el planteamiento de Sheinbaum dejó una ruta clara: coordinación, sí; pero con responsabilidades concretas en cada lado. Si la conversación bilateral es sobre seguridad, el mensaje que quedó fue una exigencia de ejecución: cortar armas y desmantelar redes donde operan, no solo cuando el daño ya cruzó fronteras.

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