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Sheinbaum afirma que Calderón “sabe” del fraude de 2006: llegó “espurio”

Morelia, Michoacán, México, 3 de julio de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina, “Conferencia del Pueblo” desde Michoacán y enlace con Alejandro Svarch Pérez, director general del IMSS Bienestar y Evelyn Cecia Salgado Pineda, gobernadora Constitucional del Estado de Guerrero desde la Clínica de Hemodiálisis de Ometepec, Guerrero. Foto: Saúl López / Presidencia

La presidenta reconstruye cómo el proceso se torció: desafuero, campañas de calumnias, votos nulos masivos y conteos “voto por voto”.

Un dato rompe la narrativa: en 2006 no solo hubo diferencias. Hubo más de un millón de sufragios nulos, mientras la distancia final apenas rondó los 240 mil votos. Para Claudia Sheinbaum, ese contraste no se explica con normalidad: apunta a manipulación del resultado.

La presidenta lo hiló en su mañanera como una secuencia con propósito. Dijo que el episodio no inició al cierre de urnas, sino antes: arrancó con el intento de desafuero contra Andrés Manuel López Obrador y siguió durante el propio proceso electoral. A la acusación le sumó otro ingrediente: campañas de calumnias que, según su versión, acompañaron el desvío de la contienda.

Desde ahí, Sheinbaum desplazó el foco hacia su intervención. Señaló que integró equipos para revisar actas, junto con especialistas y matemáticos. Y en esa revisión —afirmó— emergió la dimensión del problema: el número de votos no concordaba con lo registrado en boletas. Cuando los guarismos chocan, el mensaje cambia. Ya no se trata de “errores”. Se trata de evidencia de una trampa.

La tensión creció con un ejemplo puntual, narrado como prueba interna: al comparar conteos, describió casos donde la discrepancia se reflejaba con diferencias de 40 o 50 votos a favor de Felipe Calderón. Para Sheinbaum, ese detalle es parte del mismo mecanismo. No quedó como un episodio aislado: dijo que lo que se pidió entonces vino “de la gente”, y se resumió en una consigna directa: voto por voto, casilla por casilla.

Luego llegó la consecuencia que la presidenta planteó como giro definitivo. Aseguró que si se hubieran abierto todas las casillas, el resultado habría sido distinto y López Obrador habría sido presidente desde 2006. La frase no suena a duda: suena a sentencia política y matemática, sostenida por el contraste entre lo nulo y lo necesario para revertir la diferencia.

En ese punto, Sheinbaum cerró el círculo con su acusación más contundente. Afirmó que Calderón “llegó de manera espuria” al gobierno. No lo presentó como interpretación personal aislada; lo sostuvo como una conclusión que, incluso, relacionó con lo que el poder electoral habría detectado.

Porque la presidenta añadió que el Tribunal Electoral reconoció que Vicente Fox violó la Constitución y se metió en las elecciones, aunque —según su relato— se negó a anularlas. Ahí está el choque final: la intervención, dijo, existió. Pero no alcanzó para borrar el resultado. En su versión, esa contradicción es precisamente el espacio donde se inserta la palabra “fraude”.

El cierre fue frontal. Sheinbaum sentenció que, pese a la determinación del tribunal, era evidente —y “lo sabe Calderón”— que hubo fraude: el presidente de la república violó las reglas del juego y, aun así, no se anuló la elección. Para ella, la consecuencia no se discute: se impone por lógica y por la historia numérica que, asegura, se hizo con conteo y revisión.

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