Desde Madrid, habló de un “camino” compartido por la concentración de poder y criticó reforma judicial de la 4T.
Madrid fue el escenario del mensaje más duro de la jornada. Felipe Calderón afirmó que México avanza por una ruta similar a la que, a su juicio, terminó erosionando a Venezuela: cuestionó que las decisiones impulsadas por la 4T “debilitan” instituciones democráticas y abren espacio a una concentración del poder.
El planteamiento se construyó en el Libertas Forum, organizado por el Partido Popular Europeo (PPE), un espacio donde participaron dirigentes y figuras conservadoras de Europa e Iberoamérica. Ahí, el exmandatario sostuvo que el país ya tiene un problema parecido al venezolano. Su argumento se apoyó en una lectura política: describió que en Venezuela, según su versión, el “populismo” habría destruido la economía, afectado el Poder Judicial y tomado control de las elecciones.
A partir de esa comparación, Calderón dio el salto a la situación mexicana. Señaló que México “va en la misma vía” mientras arremetía contra dos ejes: la reforma al Poder Judicial impulsada por la Cuarta Transformación y el nuevo mecanismo de elección popular de jueces y magistrados.
La acusación central se volvió más específica y, a la vez, más polémica. Calderón afirmó que, entre los perfiles registrados para participar en el proceso judicial, habría abogados “leales” al Gobierno e incluso incluyó mención a abogados vinculados con narcotraficantes. No presentó evidencias en el foro para sostener esa aseveración, lo que deja el señalamiento en el terreno de la denuncia política sin sustento presentado.
El discurso también abrió otra línea de choque: la relación con Estados Unidos. Calderón dijo que el regreso de Donald Trump ha complicado el panorama comercial para México, bajo el argumento de que el mandatario estadounidense no “prefiere” una libertad económica irrestricta. En esa lectura, el factor internacional se transforma en una presión adicional para el país, justo cuando —según él— el andamiaje institucional enfrenta tensiones internas.
Mientras tanto, durante el mismo evento, Mariana Gómez del Campo —presidenta de la ODCA y cuñada de Calderón— lanzó una advertencia similar desde otra perspectiva regional. Señaló un supuesto avance del autoritarismo en América Latina y aseguró que la región mantiene una “deuda” con países como Cuba, Venezuela y Nicaragua. Su llamado fue a fortalecer la defensa de la democracia, enmarcando el debate en una competencia ideológica más amplia.
En conjunto, el mensaje dejó una sensación de alarma: comparación histórica, críticas directas a la arquitectura judicial mexicana y acusaciones sobre supuestos perfiles vinculados al proceso. La consecuencia inmediata del discurso no es sólo política: es la lectura de un riesgo institucional que, según Calderón, se estaría instalando mientras el país continúa su ruta definida por la 4T.
