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Alcalde exhibe el “vaivén” de mentiras: contradicen cada  paso de Sheinbaum

En Derecho de Réplica, Luisa María Alcalde desarmó narrativas: crisis, exigencias, “derroche” y arrestos que se cayeron una a una.

El giro llegó con una secuencia que se movía sola: en vez de sostener un mismo relato, las narrativas sobre el viaje de Claudia Sheinbaum a Nueva York se reescribieron a cada anuncio y, aun así, terminaron desplomándose.

Desde su conferencia de Derecho de Réplica, Luisa María Alcalde Luján reconstruyó el “carrusel” mediático con el que se intentó cubrir la participación de la Presidenta en la ceremonia de premiación de la Final de la Copa Mundial de Fútbol. A su juicio, lo que se vio no fue análisis, sino contradicción tras contradicción: primero se hablaba de una crisis diplomática, luego cambió el argumento cuando apareció la invitación formal para el evento deportivo, y después siguieron los cuestionamientos desde ángulos opuestos.

Alcalde remarcó el contraste entre lo que se presagiaba y lo que terminó ocurriendo. Si “en la crisis diplomática” —dijo con ironía— la invitación “la hace personalmente el Presidente” de Estados Unidos, entonces la historia que se contaba para atacar quedaba sin piso. Pero el ataque no se detuvo: surgió otra versión, esta vez presentando la asistencia al Mundial como una exigencia de Donald Trump, como si la lógica del relato hubiera mutado para sostener el choque político. Y aun así, el viaje se concretó y la visita se desarrolló con éxito.

La siguiente arista fue el traslado a Nueva York, donde aparecieron críticas por el “derroche” en el camino. Alcalde sostuvo la explicación que, según su reconstrucción, desmontaba esa lectura: Sheinbaum viajó en un avión de la Secretaría de Defensa después de que se cancelara su vuelo comercial por el mal clima. En paralelo, el cuestionamiento se volvió más duro contra el pueblo de México, al presentarse como si depender de aviones comerciales para la movilidad fuera propio de “repúblicas bananeras”. Y cuando el argumento se empujó hacia el otro carril —también se criticó la aeronave de la Defensa—, el ataque pareció solo necesitar un pretexto para seguir.

La batalla también se desplazó al recibimiento. Allí, explicó la Consejera, aparecieron versiones para intentar desacreditar: que en Nueva York la recibió “poca gente”, o bien que se trató de “acarreados”. Con ese marco, el debate se trasladó al palco durante el partido. Ahí se abrieron dos lecturas que, a pesar de venir de líneas contrarias, coincidían en el afán por descalificar: por un lado, se sostuvo que Sheinbaum estaba “muy feliz” y se criticó una supuesta falta de austeridad; por otro, se aseguró que la estaban “ignorando”.

Después llegó el golpe final del relato: la derecha mediática, con enfoque misógino, intentó reducir el papel de la Presidenta en la final. Alcalde señaló que la narrativa ignoró un punto decisivo: Sheinbaum participó en la premiación y entregó el Balón de Oro a Rodrigo, el segundo premio más importante del torneo, otorgado al considerado mejor jugador. Para ella, esa omisión no fue accidental: fue parte del montaje para desacreditar el viaje desde cualquier ángulo disponible.

La Consejera cerró la reconstrucción con una conclusión con peso: aunque se armaron más narrativas en redes para intentar desdibujar a la mandataria, cada una cayó por su propio peso. Y como ejemplo de la escalada, recordó el caso donde Pedro Ferriz de Con sostuvo que Sheinbaum sería arrestada al llegar a Estados Unidos.

Al final, el mensaje fue claro y urgente: cuando el relato no resiste los hechos, cambia de forma; cuando el cuestionamiento se vuelve cascada, ya no se trata de información, sino de intención y ataque que busca permear aunque el viaje ya haya demostrado lo contrario.

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