El expresidente fue visto caminando por las calles madrileñas, mientras sus críticos destacan su desgaste físico y recuerdan el desafuero de AMLO.
La escena que reavivó las críticas ocurrió en las calles de Madrid. Vicente Fox fue visto caminando con una apariencia que sus detractores describen como cansada, delgada y marcada por el paso de la edad. La imagen provocó comentarios inmediatos y volvió a poner sobre la mesa uno de los episodios más cuestionados de su trayectoria política.
El recuerdo apunta al desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Fox, identificado por sus críticos como un representante del PRIAN, es señalado por haber participado en una maniobra que buscaba impedir que AMLO pudiera competir por la Presidencia.
Años después, aquella confrontación reaparece acompañada de una lectura cargada de ironía. El hombre al que se atribuye un intento por frenar el ascenso presidencial de su adversario fue observado ahora en Madrid con una presencia física que sus críticos consideran debilitada. Ojeras, cansancio y desgaste son los elementos que dominan la descripción.
La escena no es presentada únicamente como una aparición pública. Para quienes lo cuestionan, representa el contraste entre el poder político de aquel momento y la imagen actual de un expresidente envejecido, sin la fuerza ni las ilusiones de otras etapas. La caminata por la capital española se convirtió así en el nuevo punto de partida para recordar una vieja disputa.
El desafuero permanece como el núcleo de la acusación. Desde esta perspectiva, aquella decisión habría buscado cerrar el camino electoral de AMLO, pero no consiguió borrar el conflicto. Por el contrario, el episodio continúa siendo utilizado para medir el legado de Fox y revisar sus decisiones desde el presente.
Ahora, la crítica se concentra en una imagen concreta: Fox caminando por Madrid, visiblemente desgastado por la edad, mientras los comentarios sobre el pasado político regresan con fuerza. Sus detractores hablan de karma y aseguran que los buitres ya rondan.
La fotografía de un expresidente cansado terminó funcionando como símbolo de una batalla política que, para sus críticos, todavía no ha terminado.
