El alcalde Astiazarán lo invita a hablar de confianza ciudadana mientras las calles, el gasto y las cuentas siguen pendientes.
Nadie es profeta en su tierra. Pero qué tal si viene de Canadá. Justin Trudeau llegó a Hermosillo. El exprimer ministro canadiense vino a decir que la política energética requiere coordinación. Y una visión que vaya más allá de las próximas elecciones. Lo mismo podría explicar un docente de El Colegio de Sonora. Aunque con menos reflectores.
El alcalde Antonio Astiazarán lo invitó. La pregunta es obligada. ¿Por qué invitar a Trudeau cuando hay cosas más importantes que atender en la ciudad? La respuesta no llega. Los reflectores, en cambio, sí. La visita fue el evento. La agenda local, la ausencia.
Trudeau también habló de recuperar la confianza ciudadana. Lo llamó un reto de las democracias del futuro. Se me hace que vamos tarde. La desconfianza ya está aquí. En Hermosillo. En las calles. En las cuentas. En el gasto. La confianza no se recupera con discursos. Se recupera con obras.
El punto de tensión es la agenda. Para atender la desconfianza hay una agenda bastante cercana. Las calles. Las prioridades de gasto. Las cuentas claras. Eso es lo que la ciudadanía necesita. No una conferencia magistral desde Canadá. No un discurso con reflectores. No una visita que no resuelve nada.
El sarcasmo es inevitable. Trudeau vino a Hermosillo a hablar de coordinación. Mientras la ciudad enfrenta problemas de coordinación todos los días. Vino a hablar de visión de largo plazo. Mientras las calles se caen a pedazos. Vino a hablar de confianza ciudadana. Mientras el alcalde invita a figuras internacionales en lugar de atender lo urgente.
La secuencia es clara. Primero, la invitación de Astiazarán. Después, la visita de Trudeau. Luego, el discurso sobre energía y democracia. Finalmente, la pregunta obligada. ¿Y las calles? ¿Y el gasto? ¿Y las cuentas claras? La respuesta no está en el discurso. Está en la gestión.
Trudeau vino a Hermosillo. Habló de política energética. De coordinación. De visión más allá de las elecciones. De recuperar la confianza ciudadana. Lo mismo diría un docente de El Colegio de Sonora. Pero con menos reflectores. El alcalde Astiazarán lo invitó. ¿Por qué? La ciudad tiene calles rotas. Prioridades de gasto sin definir. Cuentas que no se aclaran. La desconfianza ya está aquí. Vamos tarde. La agenda cercana es otra. Calles. Gasto. Cuentas claras. Eso es lo que se necesita. No un discurso desde Canadá. No una visita con reflectores. No un evento que no resuelve nada. Nadie es profeta en su tierra. Pero qué tal si viene de Canadá. El alcalde lo trajo. La ciudad sigue igual.
