Ícono del sitio Nenka media

Lula rompe la maldición: cuarta presidencia a los 80 años con remontada histórica

El líder del PT revierte una desventaja inicial, conquista el 51,79% de los votos y sepulta una racha de derrotas que duraba desde 1989.

La remontada. Esa es la palabra que define la jornada electoral brasileña. Luiz Inácio Lula da Silva, a sus 80 años, volvió a inscribir su nombre en la historia al conquistar por cuarta vez la presidencia de Brasil, el país más extenso de América Latina.

El resultado no llegó sin sobresaltos. Durante el conteo y la divulgación de las cifras, la tensión se apoderó del ambiente. El mandatario arrancó con ventaja sobre su contendiente, Flávio Bolsonaro. Pero el tablero se invirtió. Por un lapso, el representante del Partido Liberal tomó la delantera. Los números volvieron a girar. Y al final, el Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE) confirmó el vuelco: con el 100% de las secciones escrutadas, Lula alcanzó el 51,79% (64.256.232 votos), frente al 48,21% (59.826.041 sufragios) de su rival.

La cifra es contundente. Pero el dato más revelador está en el contexto. El pasado 4 de octubre, en la primera vuelta, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) había quedado en segundo lugar con el 45,16% (53.879.538 votos), por detrás del aspirante del PL, que obtuvo el 47,03% (56.104.503 sufragios). La historia parecía repetirse.

No fue así. Lula quebró la llamada ‘maldición de la primera vuelta’, una tendencia que se mantenía intacta desde 1989, con el retorno de la democracia en Brasil. Desde entonces, ningún candidato que había quedado en segundo lugar en la primera ronda había logrado revertir el resultado en el balotaje. Hasta ahora.

El punto de mayor tensión no está solo en los números. Está en el significado. Lula, nacido en Caetés, un pequeño distrito de Garanhuns, en Pernambuco, vivió una infancia marcada por las privaciones materiales. La familia, conformada por su madre y siete hermanos, emigró a Sao Paulo en busca de mejores oportunidades. Allí, con solo 12 años, trabajó como limpiabotas y en otras labores precarias. Desde los ocho ya había renunciado a su infancia para ayudar con el sustento en casa.

En esa urbe, impelido por la necesidad económica, ingresó a los 14 años a una fábrica de tornillos. Abandonó la escuela, pero optó por una formación técnica que le abriría las puertas de la industria metalúrgica. En 1964, un accidente laboral le costó el dedo meñique de su mano izquierda.

A finales de esa década, mientras Brasil estaba gobernado por una dictadura militar, comenzó a implicarse de más en más en la actividad sindical y a luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores. En 1975 había ascendido a puestos de dirigencia sindical, a través del voto de los afiliados, y empezó a destacar por su oposición abierta al régimen, con acciones que incluyeron la organización de huelgas masivas, duramente reprimidas por los militares. Cinco años más tarde fundó el Partido de los Trabajadores (PT), una organización abiertamente de izquierda, que proclamaba sin tapujos el socialismo.

El camino al poder no fue lineal. Con el regreso a la democracia, tanto Lula como el PT acumularon un amplio respaldo popular. Eso les permitió obtener bancas en el Congreso y ganar alcaldías de ciudades importantes, pero no bastó para que el obrero metalúrgico devenido en líder político nacional se alzara con la primera magistratura del gigante suramericano. Perdió tres veces: una contra Fernando Collor de Mello (1989) y dos contra Fernando Henrique Cardoso (1994 y 1998).

La racha de derrotas se rompió en 2002, cuando ganó su primera presidencia. En ese lapso implementaría un conjunto de programas sociales destinados a combatir la pobreza y la desigualdad, que acompañó con un fuerte respaldo a la industria local, el alineamiento geopolítico con otros líderes de izquierda que por entonces gobernaban en América Latina y el reposicionamiento del país en el concierto internacional. Esas directrices de gobierno le garantizaron su primera reelección en 2006. Impedido constitucionalmente para presentarse a un tercer mandato, le cedió el testigo a su exjefa de gabinete, Dilma Rousseff, quien obtuvo la victoria electoral y se encargó de continuar el proyecto político iniciado por Lula.

A mediados de la década de 2010, el PT se enfrentó al megaescándalo de corrupción Odebrecht, que derivó en el encarcelamiento de Lula, demostrado luego como el producto de un proceso judicial amañado. Volvió a la primera línea de la política y en 2022 se impuso al presidente ultraderechista y candidato a la reelección Jair Bolsonaro.

Su tercer mandato estuvo caracterizado por el choque con el bolsonarismo —que intentó un golpe de Estado a inicios de 2023— y por confrontaciones políticas y económicas con EE.UU. Lula no se arredró y le plantó cara a las dos situaciones: de un lado, la Justicia procesó y condenó a Bolsonaro por golpismo; de otro, también salió al frente a las amenazas y acciones agresivas de Washington —que incluyeron la imposición de aranceles a la mayor parte de los productos brasileños— con un discurso abiertamente soberanista, foco principal de la campaña, que junto a los innegables logros sociales de su gestión, le garantizaron ahora su cuarta estancia en el Palacio de Planalto.

Salir de la versión móvil