El magnate financió la causa republicana con una fortuna récord, pero los demócratas arrasaron y él optó por la huida digital.
El dinero no compra votos. Elon Musk lo aprendió de la forma más costosa posible. El magnate tecnológico se convirtió en el principal promotor de los republicanos y soltó ríos de dinero para intentar doblegar al electorado estadounidense. La realidad le devolvió un portazo: ni sus millones ni sus berrinches en redes sociales frenaron a los demócratas. La chequera más gorda del mundo no pudo imponerse a la dignidad y al enfoque social.
¿Cuánto costó este capricho? A principios de octubre, el dueño de X había gastado más de 275 millones de dólares en contiendas electorales por todo Estados Unidos. Pero la cifra escaló todavía más: The Washington Post calculó que el magnate metió hasta 446 millones de dólares en las elecciones de mitad de mandato para blindar el control republicano. Una fortuna que, a la luz de los resultados, terminó en la basura.
¿Y dónde quedó semejante dinero? Una buena parte se fue directo a Texas, el refugio donde Musk mudó su residencia y las sedes de sus empresas para no pagar impuestos. Aun así, los demócratas arrasaron en el estado. Informes de CBS detallan que casi todo su dinero para el Senado fue a parar a un comité de acción política tejano, sumando otros 47 millones de dólares que sus comités destinaron a levantar a candidatos conservadores que terminaron mordiendo el polvo frente a la gobernadora Gina Hinojosa.
El punto de tensión es doble. Por un lado, la debacle política: pese a los millonarios intentos de compra de conciencia y los despliegues de su aparato propagandístico en redes sociales, los demócratas mantuvieron con firmeza el control del Senado y conquistaron estados clave el pasado 3 de noviembre. La jugada maestra de Musk resultó un fiasco absoluto. Por otro lado, el golpe financiero: la sección Alphaville del Financial Times reveló que, mientras los fondos de inversión intentan maquillar los resultados para que parezcan rentables, la paliza republicana se tradujo en una montaña de dinero tirado a la basura. Las operaciones de preapertura de SpaceX y Tesla sufrieron desplomes brutales, evaporando gran parte de los recursos invertidos. Y en plataformas como Polymarket, los apostantes se burlan de la idea de que SpaceX logre comprar Tesla a mediano plazo, anticipando que un Congreso demócrata investigará intensamente cualquier intento de fusión.
Ante la monumental derrota electoral, el golpe financiero y el fracaso de su cruzada política, a Elon Musk no le quedó otra que la huida digital. El magnate optó por eliminar de sus redes sociales todas las publicaciones en las que apoyaba a los republicanos y llamaba al voto por ellos. Intentó borrar desesperadamente las huellas de su costoso tropiezo y de una derrota que ni con todo su dinero pudo maquillar. La soberbia tiene un precio. En este caso, 446 millones de dólares y una vergüenza pública que ningún tuit borrado puede ocultar.
