Trump califica a agresor de “enfermo anticristiano” tras tiroteo en cena de corresponsales

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Mandatario estadounidense rechaza acusaciones del manifiesto del atacante y vincula violencia política con marchas de protesta mientras fiscalía confirma que sospechoso no coopera con investigación

Un manifiesto. Cinco a ocho detonaciones. Y una respuesta presidencial que mezcla indignación, autodefensa y reflexión sobre la violencia política en Estados Unidos.

Donald Trump describió al autor del tiroteo del sábado en la Cena de los Corresponsales de la Casa Blanca como un individuo “enfermo”, “muy perturbado” y “anticristiano”. En entrevista con 60 Minutes, el mandatario republicano rechazó categóricamente las acusaciones vertidas por Cole Tomas Allen, profesor de 31 años originario de Torrance, California, quien en un texto enviado a su familia minutos antes del ataque calificó al presidente de “pedófilo, violador y traidor”.

La reconstrucción del intercambio mediático revela una estrategia discursiva calculada. Cuando la periodista Norah O’Donnell citó fragmentos del manifiesto, Trump respondió con firmeza: “No soy un violador, no he abusado de nadie. No soy un pedófilo”. El mandatario desvió la atención hacia sus críticos, sugiriendo que figuras vinculadas a Jeffrey Epstein —quien mantuvo relación con Trump por más de una década— son quienes deberían responder por conductas reprochables.

El punto de tensión política: Trump vinculó la existencia de agresores como Allen con la participación en marchas de protesta, específicamente la movilización “No a los Reyes” en California. “Yo no soy un rey, si lo fuera, no estaría tratando con ustedes”, sostuvo, estableciendo una conexión entre retórica opositora y radicalización violenta que analistas consideran controversial.

Todd Blanche, fiscal general interino, confirmó que el sospechoso viajó en tren desde California hasta Chicago y posteriormente a Washington, registrándose como huésped en el hotel donde ocurrió el incidente. Las autoridades creen que Trump y altos cargos de su administración constituían el objetivo probable del ataque. Sin embargo, Allen “no está cooperando activamente” con la investigación, lo que complica el esclarecimiento de motivaciones y posibles cómplices.

Trump, de 79 años, recordó que este no es el primer episodio violento en su contra: en julio de 2024 sufrió un intento de asesinato que le dejó una herida en la oreja durante su campaña electoral, y dos meses después las autoridades sospecharon de un hombre que intentó ingresar armado a su campo de golf en Florida. “Odio decir que me siento honrado por ello, pero he hecho mucho”, declaró a Fox News, atribuyendo los ataques a su influencia transformadora en el país.

El mandatario también aprovechó el incidente para reiterar su propuesta de construir un salón de baile seguro en la Casa Blanca, valorado en 400 millones de dólares, argumentando que el Washington Hilton “no es especialmente seguro”. Aseguró que el tiroteo no afectará la visita de Estado del rey Carlos, programada para hoy.

Sobre la violencia política en Estados Unidos, Trump sostuvo que “siempre ha estado” latente, aunque expresó incertidumbre sobre si actualmente es “mayor que antes”. Destacó lo “peligroso” que resulta el “discurso de odio de los demócratas”, posicionando la polarización partidista como factor de riesgo para la estabilidad institucional.

Con el agresor bajo custodia y la investigación en curso, una pregunta persiste: ¿puede el debate público contener la radicalización cuando la retórica política se instrumentaliza para justificar o condenar actos violentos? Mientras Trump mantiene su premisa de que “la democracia es el camino”, el episodio del Hilton deja al descubierto las fracturas de un sistema donde la discrepancia ideológica puede derivar en confrontación letal.

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