Washington y Teherán negocian un memorando de una sola página que detendría la ofensiva “Furia Épica” a cambio de concesiones atómicas.
El tablero geopolítico de Oriente Medio se encuentra en un punto de inflexión sin precedentes desde el bombardeo masivo del 28 de febrero que terminó con la vida de Alí Jameneí. Según revelaciones confirmadas por fuentes diplomáticas en Pakistán, Estados Unidos e Irán están a un paso de formalizar un documento que instauraría un periodo de 30 días para desmantelar el conflicto. Esta “hoja de ruta” de una carilla pretende resolver tres nudos críticos: el control del estrecho de Ormuz, el programa de uranio iraní y el asfixiante régimen de sanciones económicas.
La dualidad de la Casa Blanca El presidente Donald Trump ha vuelto a sacudir los mercados —provocando un desplome inmediato en el precio del crudo— al transitar entre el optimismo y la advertencia bélica. Mientras celebra el éxito del bloqueo y la posibilidad de una apertura total del estrecho, el mandatario estadounidense ha lanzado un ultimátum sombrío: de no aceptarse los términos, la intensidad de los ataques superará cualquier registro previo. Esta postura contrasta con sus declaraciones de hace apenas 24 horas, cuando minimizaba la capacidad de respuesta de Teherán, asegurando que sus fuerzas operaban solo con “perdigones”.
El dilema nuclear y la mediación paquistaní El núcleo de la negociación reside en los plazos de la moratoria nuclear. Mientras Washington exige dos décadas de freno al enriquecimiento de uranio, Teherán busca un compromiso de un solo dígito. No obstante, fuentes cercanas al proceso sugieren que el acuerdo final podría situarse en un rango de entre 12 y 15 años. A cambio, Irán recuperaría el acceso a miles de millones de dólares congelados y vería el fin de las restricciones comerciales, un incentivo vital para un régimen que, a pesar de los descabezamientos sufridos en sus liderazgos, mantiene su estructura de poder y sus reservas de uranio.
Tensión en el Estrecho y el fiasco del “Proyecto Libertad” La urgencia del pacto se explica también por los recientes reveses militares. El intento del Pentágono por retomar el control de Ormuz mediante el “Proyecto Libertad” —que movilizó a 15,000 soldados y un centenar de cazas— derivó en un fracaso estratégico tras la respuesta iraní con drones y misiles hacia instalaciones petroleras en Emiratos Árabes Unidos.
Desde Teherán, la respuesta es cautelosa. Mientras el Ministerio de Exteriores evalúa la propuesta, voces en el parlamento califican el texto como una “lista de deseos” de EE. UU., recordando que Washington no obtendrá en la mesa lo que no pudo ganar en el campo de batalla. Las próximas 48 horas serán determinantes para saber si la “Furia Épica” se transforma en un silencio diplomático o en una escalada de proporciones desconocidas.
