Una credencial rompe las barreras del sistema: atención médica en cualquier hospital del país

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El nuevo Servicio Universal de Salud elimina la derechohabiencia como requisito de atención; adultos mayores y personas con discapacidad encabezan el registro que cierra en noviembre.

Una sola credencial. Cualquier hospital. Sin importar si eres del IMSS, del ISSSTE o del IMSS Bienestar. Esa es la promesa —y ya es realidad en marcha— que la presidenta Claudia Sheinbaum colocó al centro de la Mañanera del Pueblo de este 26 de mayo.

El anuncio no fue menor. Lo que está en juego es la reconfiguración total del acceso a la salud pública en México: un sistema históricamente fragmentado, donde la institución de afiliación determinaba qué médico podías ver, en qué clínica y con qué medicamento. Esa lógica, según la mandataria, está siendo desmantelada.

El proceso de credencialización del Servicio Universal de Salud ya arrancó. La estrategia comenzó por quienes más lo necesitan: adultos mayores y personas con discapacidad son los primeros grupos en incorporarse. Más de 2 mil módulos operan en todo el país de lunes a sábado entre las 9:00 y las 18:00 horas, y el periodo de registro permanecerá abierto hasta el 14 de noviembre. El trámite requiere identificación oficial con fotografía, comprobante de domicilio y un número telefónico de contacto.

Pero la credencial es solo la puerta de entrada. Detrás hay una arquitectura de servicios que el subsecretario Eduardo Clark describió con detalle: atención de urgencias —infartos, eventos cerebrovasculares— en la unidad más cercana, independientemente de la institución; continuidad de tratamientos como diálisis aunque el paciente cambie de sistema; vacunación universal; y consultas de primer nivel en cualquier clínica del país.

El componente tecnológico también es central. El nuevo sistema contempla la digitalización completa del expediente clínico de cada paciente, accesible entre instituciones para eliminar diagnósticos duplicados y garantizar que los tratamientos no se interrumpan por burocracia. A eso se sumará una aplicación móvil desde la que los usuarios podrán consultar su historial, agendar citas, recibir orientación médica y acceder a herramientas de inteligencia artificial para el seguimiento de enfermedades crónicas.

En materia de medicamentos, el esquema incluye distribución gratuita de fármacos recetados por el programa Salud Casa por Casa —enfocado en diabetes, hipertensión y dislipidemia— que podrán surtirse en tiendas de Alimentación para el Bienestar en zonas rurales, en máquinas dispensadoras instaladas en centros de salud urbanos y en una red complementaria de farmacias.

El puente entre la credencial y quienes aún no se han registrado lo construye, precisamente, Salud Casa por Casa: personal de salud que visita cada mes a cerca de 2.5 millones de adultos mayores en sus domicilios. Son ellos quienes llevarán las notificaciones, orientarán el registro y priorizarán la incorporación de los grupos más vulnerables. Las personas que no lleguen por sus propios medios a un módulo, recibirán también avisos por teléfono y SMS.

El registro se organiza por la inicial del primer apellido para agilizar la atención, y los sábados están reservados para quienes no pudieron tramitar su credencial en días hábiles.

Lo que Sheinbaum presentó no es solo una reforma administrativa. Es una apuesta por redefinir el contrato social en materia de salud: que el derecho a atenderse no dependa de a quién le descuentan de tu nómina, sino de que eres ciudadano. La prueba de fuego llegará cuando los módulos se saturen, cuando los hospitales tengan que absorber demanda de pacientes que antes no eran “suyos”. Hasta entonces, la credencial es una promesa que apenas empieza a materializarse.

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